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Millones y millonarios: llega la Super Bowl, la final de los excesos

Nada en el aeropuerto de San Francisco anuncia que aquí se juega la Super Bowl de este año. Ni un mísero mural recuerda a los aficionados que sí, que están en el lugar donde todo el mundo en EE.UU. quisiera estar. En el escenario de la gran final del fútbol americano, el acontecimiento del año en el país .Quizá el aeropuerto, pulcro, futurista y moderno, que parece la sede de una de esas 'big tech' cercanas, evita bajar al barro de este deporte fabuloso y violento, la pasión nacional.Para encontrar esa pasión solo hay que llegar hasta el centro de San Francisco, donde la NFL, la liga profesional de fútbol americano, ha montado su fiesta. Tienen tomados varios bloques del 'downtown' de San Francisco, convertidos en un hervidero de aficionados, periodistas, currantes, policías y curiosos.Noticia Relacionada estandar Si El 'All american Half-Time Show': el boicot al show de la Super Bowl de Bad Bunny Nacho SerranoCon la Super Bowl, todo es a lo grande. El año pasado se celebró en Nueva Orleans, y un estudio de la Universidad Estatal de Luisiana calibró el impacto económico en la ciudad en 1.250 millones de dólares.La Super Bowl no es un día. Dura una semana . Los equipos están en la ciudad desde el pasado domingo, siete días antes del partido. Todo es espectáculo: se fotografía su aterrizaje, los primeros pasos de los jugadores en la ciudad de la final. Después, cada día, hay encuentros con la prensa. Un enjambre de reporteros rodea a los jugadores seleccionados, cientos de preguntas, miles de horas de grabaciones y entrevistas.Durante esa semana, se suceden los grandes eventos: la noche inaugural con los protagonistas de la final; la fiesta de la prensa, este año mucho menos espectacular que en anteriores sedes, como Nueva Orleans o Las Vegas; la comparecencia del capo de la NFL, Roger Goodell, que insiste en su intención de convertir a su liga en un espectáculo global; la locura en la rueda de prensa de Bad Bunny , el artista del show del descanso; la gala en la que se anuncia al MVP de la temporada y el resto de premios… Es un surtidor de contenido y atención constante. Buena parte de ello viene de 'Radio Row', la monumental sala de prensa de la Super Bowl, con cientos de platós para televisiones, canales de YouTube o streamers. Por allí uno se cruza a la leyenda Joe Montana, a una estrella actual como Christian McCaffrey, a Martha Stewart, a Rob Lowe, a 'La Montaña' de 'Juego de Tronos'… Por la noche, los famosos se desparraman en las decenas de fiestas que organizan marcas y famosos. Quizá la más demandada, la de los hermanos Kelce, Jason y Travis, ambos estrellas de la NFL, el último prometido de Taylor Swift (que no apareció).El clímax será el partido de este domingo, donde se espera que se bata el récord de audiencia del año pasado: 127 millones de espectadores, solo en EE.UU. Cada vez hay más gente que lo ve desde fuera. Este año se espera una audiencia mundial disparada, sobre todo por la presencia del cantante puertorriqueño.Mientras llega ese momento, hay muchas cosas que hacer en San Francisco. Decenas de miles de turistas han visitado la ciudad del norte de California, aunque no tengan entrada. La Super Bowl está también montada para aficionados modestos. Miles de ellos hacen cola para entrar en la Super Bowl Experience, una 'fan zone' descomunal, que ocupa casi por completo el centro de convenciones Moscone, el equivalente a varios campos de fútbol. Allí hay decenas de juegos para emular a las estrellas de la NFL, una cola para hacerse una foto con la copa del campeón -el trofeo Lombardi-, oportunidades para sacarse fotos con estrellas y, sobre todo, oportunidades para gastarse mucho dinero. Hay puestos de comida y cerveza por todos lados y, sobre todo, lo más buscado: una tienda gigantesca donde comprarse el 'merchandising' recién salido de las cabezas pensantes de este negocio. Por ejemplo, la línea de moda de la NFL con Bad Bunny, en la que la liga hace la concesión de cambiar el nombre a la Super Bowl: Super Tazón, es la versión en español. Pero la chaqueta sigue costando 300 dólares.El safety de los New England Patriots, Craig Woodson (31), saluda a los aficionados durante la noche inaugural del Super Bowl LX en el Centro de Convenciones de San José Kirby Lee-Imagn ImagesLa gran mayoría de los que pasan por aquí se tendrán que conformar con ver el partido en casa, comiendo alitas de pollo, la tradicional delicadeza, por decirlo de alguna manera, en el día de la Super Bowl. El cálculo es que cada estadounidense se tendrá que manchar las manos con la salsa pegajosa del manjar casi cinco veces. Porque una estimación sitúa en 1.480 millones de alitas las que se consumirán ese día. Contando con los que no verán el partido y con los que prefieren los nachos, hay muchos que se van a hinchar a alitas.La mayoría de los que tendrán butaca en el partido han llegado el fin de semana. La clase media de la Super Bowl se gasta de 10.000 dólares en adelante para vivir este momento. Las entradas más baratas estaban a unos seis mil dólares. Ahora han caído hasta algo por debajo de los cuatro mil, pero arriba de todo en el Levi's Stadium de Santa Clara. Muchos hoteles de bajos vuelos, que en cualquier momento del año cuestan entre 100 y 200 dólares la noche, están a mil.La clase alta llega a última hora. El sábado y el domingo, es difícil encontrar hueco para aparcar el avión privado en los aeródromos de la zona. Un vuelo de ida y vuelta desde Nueva York se escapa por encima de los 100.000 dólares.Ese es solo uno de los excesos de la Super Bowl, que tiene tanto poder de generar atención que los anuncios televisivos en el descanso se venden a precio de oro: este año, diez millones de dólares por treinta segundos. Las grandes marcas aprovechan el momento para presentar sus mejores campañas, en otro de los momentos esperados por el público.Es paradójico que los grandes protagonistas son quienes menos dinero se llevan. La prima de la NFL a los jugadores no parece desorbitada: 178.000 dólares para los que ganen la Super Bowl, 103.000 para los que se vayan de manos vacías (hay que tener en cuenta que las plantillas tienen 53 jugadores). Y Bad Bunny cobrará algo simbólico: mil dólares por día de trabajo, lo que impone el convenio. Así es como funciona el show del descanso, en el que la NFL paga toda la producción y el artista gana prestigio y todavía más proyección. Kendrick Lamar, el rapero elegido para el espectáculo del año pasado, vio cómo las reproducciones de sus canciones crecieron un 173% inmediatamente después de su participación en la Super Bowl.Noticias relacionadas estandar Si «Fuera ICE, no somos salvajes» Bad Bunny, protagonista de los Grammy más polarizados: ¿quién más habló de política? Nacho Serrano estandar Si «Hay un miedo latente»: la Super Bowl y la paranoia por el ICE se citan en San Francisco Javier AnsorenaMuchos tendrán que pagar tanto exceso. Ya hay estimaciones que sitúan en 26,2 millones el número de estadounidenses que no irá al trabajo este lunes. Lo llaman la 'gripe de la Super Bowl'.