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Las discográficas están en vilo ante la música generada por IA

La industria musical no es ajena a los cambios tecnológicos radicales. Desde los discos de vinilo hasta los casetes, pasando por los CD y el 'streaming', la grabación y la venta de música han estado en constante revolución. El paso al 'streaming' fue lo que más sacudió a la industria. Tras el auge del intercambio ilegal de archivos en la era de Napster, que finalmente dio paso al 'streaming' legal, se tardó más de 20 años en que los ingresos volvieran, aunque fuera en términos nominales, al nivel de la década de los noventa. La inteligencia artificial generativa trae consigo una nueva era de disrupción. Amenaza con transformar todo el proceso de creación musical en sí mismo. La música creada por IA ya está dejando sentir su presencia, tanto en el espíritu de la época como 'basura musical' como en las listas de éxitos. Hay más basura que nunca. Alexis Lanternier, director de Deezer, con sede en París, afirma que cada día se suben a su servicio de 'streaming' musical unas 90.000 canciones generadas íntegramente por máquinas, lo que supone la mitad del total. Spotify, la mayor plataforma de 'streaming', afirma haber eliminado 75 millones de 'canciones basura' en el último año. Gran parte de esa basura la suben ilegalmente granjas de bots con la esperanza de obtener derechos de autor fraudulentos. Sin embargo, muchos artistas humanos utilizan la IA de forma legítima, para potenciar su creatividad. «Es como el Ozempic», dice Lanternier. «Todo el mundo lo usa, pero nadie quiere admitirlo».Una cuestión más importante es la legalidad de la propia música creada por IA. Algunos sellos discográficos acusan a los laboratorios de música generada por IA de piratería y han presentado demandas. Algunos han llegado a un acuerdo, con la esperanza de ganar más dinero con las licencias que con los juicios. Curiosamente, algunos hacen ambas cosas. Como señala Mark Mulligan, de la consultora MIDiA Research, todos se enfrentan al problema de cómo mantener el control del sector cuando la capacidad de crear música con IA reduce las barreras de entrada. Muchos altos ejecutivos del sector musical se curtieron —y firmaron sus primeros contratos discográficos— en la era de Napster. No quieren que les pille desprevenidos otra vez.the_economist_0770El mercado bursátil sugiere que los inversores están preocupados. Las cotizaciones bursátiles de las dos discográficas cotizadas más grandes, Universal Music Group (UMG) y Warner Music Group (WMG), se han quedado rezagadas con respecto al mercado en general durante los últimos años —Sony Music, que se sitúa entre ambas en cuanto a ingresos, no cotiza en Bolsa—. Las relaciones a tener en cuenta son las que existen entre todas las grandes discográficas y Suno, una controvertida empresa estadounidense de música basada en IA fundada hace cuatro años y valorada por última vez en 5.400 millones de dólares —más de una tercera parte de la capitalización bursátil de WMG, que asciende a 14.200 millones de dólares—. Esto plantea un intrigante experimento natural: UMG y Sony Music han demandado a Suno, redoblando la apuesta con una demanda presentada en septiembre; WMG, que formaba parte de la demanda original, ha llegado a un acuerdo.En su nueva demanda, UMG, Sony Music y otros acusan a Suno de plagiar más de 60.000 grabaciones protegidas por derechos de autor, de artistas que van desde Avril Lavigne hasta Justin Timberlake, e incorporarlas a sus modelos. Según la legislación estadounidense sobre derechos de autor, la indemnización por daños y perjuicios puede alcanzar los 150.000 dólares por obra, lo que podría sugerir que los demandantes están presionando para obtener una cuantiosa indemnización —o ejerciendo presión para asegurarse un jugoso acuerdo de licencia—.Suno defiende que entrenar a sus modelos con canciones con derechos de autor entra dentro del «uso legítimo»Suno admite que las decenas de millones de grabaciones utilizadas para entrenar a sus modelos incluyen material protegido por derechos de autor. Sin embargo, alega que, según la ley, se trata de un «uso legítimo» para aprender estilos musicales y generar música nueva y original. El asunto sigue sin resolverse: los profesionales de las industrias creativas han interpuesto más de 100 demandas en Estados Unidos contra laboratorios de IA, entre ellos Anthropic y OpenAI, muchas de las cuales giran en torno a si se aplica el uso legítimo.Mientras los casos de Suno se tramitan en los tribunales, el acuerdo de WMG también está llamando la atención. El sello ha comunicado a los inversores que los ingresos procedentes de sus colaboraciones con la IA comenzarán a llegar este ejercicio. Serían de los primeros acuerdos relacionados con la IA en la industria del entretenimiento que generarían ingresos reales. Robert Kyncl, director de WMG, afirma que la decisión de la empresa de llegar a un acuerdo con Suno se basó en la conveniencia: los tribunales podrían tardar años en pronunciarse sobre el uso legítimo. «Si puedo conseguir que un socio renuncie a su argumento del uso legítimo y empiece a pagarnos, ¿por qué iba a esperar?», afirma.La música hecha por IA también tiene fansEl propio acuerdo también puede presagiar grandes cambios. En septiembre, por ejemplo, Suno presentó la versión v6, que, según afirma, es su primera familia de modelos entrenados exclusivamente con música con licencia de WMG y otros sellos. Los artistas y compositores que se sumen a la iniciativa compartirán los ingresos con Suno cuando se utilice su obra, en función de las suscripciones de Suno. Kyncl espera que esto genere nuevas fuentes de ingresos para los artistas, a medida que los fans creen y publiquen música generada por IA a partir de remezclas o mashups de sus repertorios. Como ejemplo, sugiere 'Dreams', de Fleetwood Mac, superpuesta con la voz de Aretha Franklin. «Simplemente hace feliz a la gente».UMG tiene ambiciones similares en lo que respecta a los remixes de los fans. Este año anunció acuerdos de licencia con Spotify y ElevenLabs, una startup de audio basada en IA, que permitirían que el material de UMG fuera reelaborado por «superfans». Sam Duboff, director de marketing de Spotify, afirma que existe demanda. Según sus cálculos, en algunas plataformas se registran mil millones de remezclas y versiones sin licencia al mes; Spotify quiere regularizar el mercado. Michael Nash, de UMG, señala que la empresa estima que entre el 20% y el 30% de los clientes de streaming estarían dispuestos a pagar hasta el doble del precio de su suscripción actual para acceder a productos creados por superfans con ayuda de la IA.Mucho depende de cuántos artistas destacados se sumen a la iniciativa. Nash espera que lo hagan 1.000 artistas de UMG. Sin embargo, hasta ahora, ni UMG, ni WMG, ni Spotify, ni Suno han nombrado a ninguna gran estrella que se haya sumado a la iniciativa, lo que sugiere que las dudas relacionadas con la integridad artística siguen siendo importantes. Y hasta que los grandes nombres acepten participar, es difícil saber hasta qué punto se mostrarán entusiastas sus fans.El parche antes que la heridaMulligan, de MIDiA, afirma que las colaboraciones entre discográficas y creadores de música con IA tienen un carácter defensivo: los gigantes del sector, ya sean discográficas o plataformas de streaming, quieren reforzar el statu quo. «Quieren controlar la IA, en lugar de que la IA los controle a ellos», afirma. Pero es posible que, de todos modos, se les pase por alto. Cree que la nueva tecnología facilitará que los nuevos artistas den el salto a la fama sin necesidad de contratos discográficos, además de permitir la aparición de nuevas plataformas de streaming. «Se acaba teniendo un mundo musical más fragmentado».Los directivos de UMG y Spotify discrepan. Apuestan por que la escasez —el sello distintivo de la era de las superestrellas— seguirá prevaleciendo —Taylor Swift, por ejemplo, tiene contrato con UMG—. Nash, de UMG, afirma que los principales beneficiarios de la reducción de las barreras de entrada no son los nuevos artistas, sino «los estafadores que bombardean los servicios [de streaming] con más contenido». La escasez es fruto de un marketing inteligente, una promoción eficaz y el desarrollo de la audiencia. Si la IA aprende a replicar eso, la industria musical se verá en serios apuros.