Barcelona amanecía con un pitido distinto en mitad del tráfico, más ajetreo del habitual y un humo imaginario que parece brotar de sus alcantarillas. Podría decirse que las calles de Manhattan han cambiado de orilla. No es una manifestación por el día de la Hispanidad ni un derbi que haya puesto patas arriba la ciudad, es la llegada de la Filarmónica de Nueva York, una de las orquestas más emblemáticas del mundo, que ha aterrizado en España con Gustavo Dudamel al frente. Esta formación ha escrito algunas de sus páginas más memorables de la música reciente bajo la batuta de directores como Gustav Mahler, Leonard Bernstein o Zubin Mehta, y ahora emprende una nueva etapa con el maestro venezolano. Hasta aquí todo bien. Su llegada es tan extraordinaria como poco frecuente, la última vez que visitó nuestro país fue hace dieciséis años. Y, precisamente por eso, aquí empieza nuestra aventura acompañando a este conjunto de la Gran Manzana en su andadura por Barcelona y Madrid con Ibermúsica. Lo cierto es que conocer a una orquesta por primera vez es algo así como tener una primera cita. Son las mismas sensaciones, las mismas preguntas, inquietudes, ¿sospechas? Nuestro primer encuentro tiene lugar en el Hotel Grand Hyatt de Barcelona, con todos preparados para ir al ensayo acústico. Los músicos van llegando por goteo al autobús. Algunos tienen cara de cansancio; otros tantos aparecen con grandes bolsas del Barça, porque también hay quien aprovecha la visita para llevarse un recuerdo de la ciudad. Y al autobús sube una mujer de pelo blanco, con una sonrisa en la cara y el gesto tranquilo de quien lleva muchos años haciendo las maletas para salir de gira. Es nada más ni nada menos que Sherry Sylar, que lleva en la Filarmónica de Nueva York desde 1984 como oboe solista. «Han cambiado muchas cosas desde que llegué, para empezar, el número de mujeres en relación con los hombres. Y la calidad, que ahora es más alta. No tengo nada contra mis excompañeros, pero creo que todos ahora son realmente excelentes», contaba feliz. Su historia con el oboe empezó casi por casualidad. Durante años estudió piano y, cuando entró en la banda de su instituto, había pocos oboes disponibles y aquel instrumento terminó llamando su atención. Su profesor le prestó uno de plástico, al que ella bautizó como su 'oboe de mazorca de maíz'. Después llegaría el instrumento profesional a los once años. Esta oboísta ha tenido el privilegio de ver cómo la orquesta ha ido creciendo hasta ahora y es muy clara en lo que respecta a la llegada del director venezolano. «Estamos en una edad dorada ahora mismo con Dudamel. He tenido seis directores musicales. Empecé con Zubin Mehta y creo que fue una era dorada en ese momento. Y ahora se ha convertido en un círculo completo. Dudamel es simplemente una persona increíble, músico y director increíble. Tiene muchos dones», confiesa. La Filarmónica de Nueva York, durante el concierto en Barcelona Todd RossenbergAunque en las giras no todo es música. Los músicos han tenido tiempo libre por la mañana y Sherry no ha querido descansar. Se fue con un autobús turístico, también visitó la Marina y La Sagrada Familia. Ah, y las tapas, una cita ineludible. «¿Lo que más me gusta de una gira? La comida [risas]. Ahora en serio, la comida, la comida», contaba entre carcajadas mientras recordaba su gran manjar de la pasada noche: paella y carne asada. En el fondo, la NY Phil es una pequeña ciudad en movimiento. Hay quienes charlan, quienes se ríen, quienes aprovechan para hacer estiramientos antes del concierto porque una gira europea, varias ciudades en pocos días y algo de 'jet lag' no ayudan precisamente a mantener el cuerpo a punto. Algunos meriendan, otros hacen videollamadas y también hay quien aprovecha para reunirse con amigos de la ciudad. Es el caos y el orden perfecto al mismo tiempo.. « Es complicado lidiar con un buen paseo cuando tienes que practicar. Así que estás en tu habitación y estás triste, pero…», confiesa. Pero... la música, que siempre salva. Sylar es, en cierto modo, una partitura en movimiento, una nota que lleva toda una vida siguiendo el compás de la música. Es una especie de enciclopedia viva de la historia musical: ha visto pasar épocas, directores y maneras de entender una orquesta, sin perder esa naturalidad de quien, por muchos años que lleve tocando, todavía encuentra motivos para seguir escuchando. Fue elegida por la Filarmónica de Nueva York para participar en el histórico Concierto de la Libertad, celebrado para conmemorar la caída del Muro de Berlín. En aquel concierto, Leonard Bernstein dirigió la Novena de Beethoven al frente de un grupo de músicos de Alemania Oriental y Occidental, EE.UU., Gran Bretaña, Francia y la Unión Soviética. «El primer año que estuve en la orquesta, hicimos dos giras de cinco semanas en doce meses. Fui a la India, pude montar en elefante y conocí a Indira Gandhi. También fuimos a Corea del Norte y a Rusia durante la Perestroika, allí pude hablar con los músicos del país, fue una experiencia inolvidable. Ser músico es algo así como conocer la historia en vivo», contaba. «Estamos en una edad dorada ahora mismo con Dudamel. Tiene muchos dones»Sherry Sylar se pasea por los pasillos de el Auditorio de Barcelona con la seguridad de quien conoce este mundo al dedillo, pero también con una curiosidad que parece resistirse al paso de los años. Una cosa es llevar toda una vida en una orquesta y otra muy distinta acostumbrarse a lo que ocurre cuando se apagan las luces y empieza la música. Y Sherry, por lo visto, todavía no ha terminado de hacerlo. « Simplemente me encanta hacer música y tocar el oboe . La música siempre me sorprende. Toco cada pieza de mi vida como si fuera la primera vez. Estoy tratando de mantener la energía viva», confesaba en el intermedio del concierto. Esta estadounidense ha recorrido medio mundo con el oboe bajo el brazo, cruzando fronteras, conociendo países, maneras de pensar y sistemas de vida muy distintos al suyo. Ha visto cambiar los escenarios, las ciudades y hasta la forma de entender el mundo, siempre con la música como compañera de viaje. Y, después de tantos kilómetros y mil historias acumuladas, Sherry ha llegado a una gran certeza: «La música se siente igual en todos los lugares porque va de la vida y el corazón. La parte técnica es la parte fácil. La parte difícil es la parte del corazón».