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Un gran ritual egipcio de Philip Glass para hipnotizar al Liceo

Cada día, al empezar el ensayo, el director de escena Phelim McDermott sienta al equipo en el suelo, formando un círculo, y le pide a todos que cuenten cómo se sienten, y les pregunta si quieren compartir algo con los demás. Están preparando el estreno en España de 'Akhnaten', la ópera de Philip Glass, que podrá verse a partir de este domingo en el Gran Teatro del Liceo.Esas personas proceden de lugares diversos, conviven durante uno o dos meses para montar esta ópera y después se van a por el siguiente proyecto. Algunos son cantantes, otros instrumentistas, otros se ocupan de los decorados, de los vestuarios, de la limpieza... Son un grupo heterogéneo, pero los une este ritual. Su ritual. «No tienes que decir nada si no quieres, pero puedes compartir cómo te sientes, cuáles son tus dificultades o incluso algo que te haya pasado de camino al lugar del ensayo. Es algo que ayuda a crear un sentido de comunidad», cuenta McDermott.Desde los albores de la humanidad, estas fórmulas repetitivas que propician el encuentro y la unión entre personas diferentes han sido un pilar fundamental de las sociedades, ya sea en forma de misas, partidos de fútbol o encuentros de amigos. Lo eran, desde luego, en el antiguo Egipto, y por eso el compositor Philip Glass empieza su ópera dedicada a Akenatón con diez largos minutos de música hipnótica, estática y extática.  'Akhnaten', la ópera de Philip Glass Algunas fotografías de la representación Sergi PanizoEl contratenor Anthony Roth Costanzo, protagonista de la obra, considera que «los primeros minutos son muy difíciles para el público, porque estamos acostumbrados al teléfono y a ir de un sitio a otro deprisa, y Glass te pide justo lo contrario: concentrarte en una sola cosa». De ahí que el principio de 'Akhnaten' sea tan importante, en la medida que « establece un sentido de ritual». Cuando se entra en su mundo sonoro, «puedes tener una experiencia realmente trascendente», asegura el cantante.El argumento de la ópera es sencillo: a la muerte de su padre, Akenatón es coronado. Gobierna, cambia cosas, se gana enemigos, es depuesto por la fuerza. Muere. Milenios más tarde, encuentran su momia. Argumento minimal para una catedral del minimalismo en la música, aunque quizás las composiciones de Glass no son exactamente tan sencillas como se nos ha querido hacer creer. «No es realmente minimalista; se trata de superponer capas», observa McDermott. Lo sabe bien Roth Costanzo, que tiene que defender un papel complejo: «Es hermoso escuchar los cambios de armonía, los contrastes rítmicos y la forma sutil en que él va añadiendo capas». Al fin y al cabo, algo muy similar a lo que hacían Bach y Händel , y a ellos los llamamos barrocos, justo en las antípodas. «Glass empieza con una idea muy simple, inspirada por ejemplo en un raga indio, y luego va sumando capas hasta que todo se convierte en una explosión de energía y emoción».  'Akhnaten', la ópera de Philip Glass Algunas fotografías de su representación Sergi PanizoEn Barcelona, el contratenor tiene un reto añadido. Glass pide en la partitura que el 'Himno al sol', que dura cerca de un cuarto de hora, se cante en el idioma propio de la ciudad donde se represente la ópera, «así que esta vez la canto en catalán». Para lograrlo, ha estado «trabajando duro con todo el equipo, especialmente con el director asistente, Miquel Massana», que es además quien ha escrito la traducción. «Este idioma tiene algo de francés, algo de español y a veces incluso un matiz de ruso», bromea, antes de lanzarse a recitar: «Tu apareixes bellíssim a l'horitzó del cel...».El montaje de McDermott pretende evocar el antiguo Egipto, sin imitarlo. El escenario se divide en tres franjas horizontales, como si fueran los jeroglíficos pintados en las paredes interiores de las pirámides. El director de escena enseña orgulloso el vestuario que ha creado Kevin Pollard. Refleja la grandeza del faraón, en todos los sentidos. No solamente es vistoso y muy dorado, sino que una de las piezas más espectaculares pesa 17 kilos. También está trabajado minuciosamente el maquillaje. Roth Costanzo tiene que estar entre dos y tres horas caracterizándose antes de cada función.La repetición rítmica de la música de Glass se ve reforzada por la incorporación de un nutrido grupo de malabaristas. El mensaje que busca dar McDermott es contemporáneo: «Cuando era niño, la gente hablaba despectivamente de esas culturas primitivas que adoraban al sol, como Akenatón, y ahora, con nuestro clima y nuestra situación actual, me parece que en realidad era una idea ecológica temprana: que la energía del sol era el origen de todo». La dirección musical recae en Karen Kamensek, toda una experta en la obra de Glass, que «es cualquier cosa menos simple, requiere una enorme precisión por parte de cada uno de los músicos de la orquesta». Como Nefertiti se estrena Rihab Chaieb, quien asegura que cantando esta composición «se siente el tiempo, la relación con la eternidad». Todo, en cerca de tres horas de espectáculo. Se harán en total siete funciones, una de ellas exclusiva para menores de 35 años. El setenta por ciento del aforo ya está vendido, cumpliendo así las expectativas que genera un compositor contemporáneo que ha logrado como pocos conectar con un público fiel.