Crítica de música CNMD - De cerca Musica György Kurtág, Franz Schubert, Arnold Schoenberg, Anton Webern, Wolfgang Amadeus Mozart Intérprete Pierre-Laurent Aimard, piano Lugar Auditorio Nacional de Música, Madrid Fecha 21 de abrilEl pianista Pierre-Laurent Aimard plantea tres preguntas en relación con el espectáculo 'De cerca' que acaba de presentar en Madrid: cómo acortar la distancia física entre el público y los intérpretes; cómo devolver la intimidad a obras de carácter breve y discreto, y cómo compartirlas en un entorno adecuado, al margen del recital tradicional. Más allá del sentido retórico con el que se formalizan estas cuestiones, es evidente que Aimard quiere proponer una solución al muy interesante debate sobre la razón de ser del concierto en la sociedad actual y a su desarrollo como forma de divulgación musical a la sombra de los límites arquitectónicos que imponen la inmensa mayoría de los teatros y auditorios. No sería el caso, por ejemplo, de la moderna Pierre Boulez Saal: el auditorio de Frank Gehry , situado en la Academia Barenboïm-Saïd de Berlín, y en el que las correlaciones espaciales y la flexibilidad de configuración promueven un vínculo inmediato entre los espectadores y los intérpretes. La respuesta que ofrece 'De cerca' está sometida a la restricción estructural de lugares como el Auditorio Nacional de Música, de Madrid, diseñado por José María García de Paredes, en 1988. Aimard la ha presentado en su condición de intérprete residente del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en la temporada 2025-2026. El escenario del auditorio se ha contaminado de realidad al colocar a un buen grupo de espectadores en sillas aparentemente desordenadas. El resto se sienta en las gradas laterales del propio escenario y en los asientos traseros del coro; mientras que el patio de butacas y las tribunas frontales, los lugares habitualmente preferidos en cualquier concierto, permanecen desocupados . Noticia relacionada No No ESPECIAL FESTIVALES Clásicos estivales: meses que suenan a sonidos eternos Pep GorgoriHay, sin duda, una intención estética inmediata en la contemplación por parte de todos de la sala vacía: es una visión contundente, que incrementa su potencia ante la oscuridad de la sala. 'De cerca' necesita la escenografía de un espacio solitario, porque el programa pone en juego un repertorio (también debería hablarse de un estilo interpretativo) que evita los grandes gestos y recupera el ámbito íntimo de lo doméstico, a veces imaginando la humildad de la pintura holandesa del xvii, en ocasiones con la naturalidad del género pictórico menor del XIX o, más cerca en el tiempo, con el melancólico abandono que describen las escenas cotidianas de Edward Hopper. Es en este punto en el que el intérprete se convierte en un ser deambulante. Aimard inicia el concierto sin que la inmensa mayoría de los espectadores se hayan dado cuenta de que ya está sentado al piano. Suenan los primeros números de 'Játékok' (Juegos), de György Kurtág , una colección de apariencia simple, pero que traduce una dramaturgia concentrada en la que el acto físico se conecta con la interpretación. Es un popurrí de homenajes, citas, esbozos de improvisación… que se alterna con una amplia selección de valses, 'Ländler', 'Ecossaises' y otras obras breves de Schubert, además de una pequeña incursión en Mozart. Es curioso que Kurtág decidiera ser compositor el día que siendo niño escuchó por la radio la Sinfonía 'Incompleta' de Schubert. También hay obras breves de Arnold Schoenberg y Anton Webern que, al igual que la música del compositor húngaro, Aimard interpreta con una solidez indiscutible. Al pianista francés se le reconoce habitualmente en este repertorio y menos ante Schubert que en principio suena algo riguroso, si bien a lo largo del recital va amoldándose a una relajación rítmica y a una expresividad melódica más amable. 'De cerca' es una sucesión de músicas en continua alternancia, cuyo sentido argumental implica conexiones de naturaleza técnica que suenan al oído con una naturalidad inverosímil. Porque, en realidad, se trata de una gran fantasmagoría que acrecienta su valor a través de una atribución sonora imprecisa. Aimard maneja en 'De cerca' cinco instrumentos distintos: dos pianos de cola, uno de ellos incluyendo un reproductor mecánico que, cuando suena, refuerza el carácter ilusorio del experimento, una celesta y dos pianos verticales, el segundo de ellos está colocado en la segunda planta del auditorio, enmascarado a la vista de los espectadores (alguien se preguntaba si Aimard aparecería tocando el órgano de la sala), y con el que termina el recital. El paso de uno a otro instrumento se hace despacio, mientras el intérprete camina lentamente con gesto inexpresivo, con sentido robótico, a la sombra del piano mecánico. Todo acaba convirtiéndose en una incertidumbre, porque el silencio con el que el espectáculo finaliza deja a los espectadores desconcertados y sin saber si aplaudir, hasta que Aimard aparece sonriente por el pasillo central del patio de butacas. 'De cerca' eleva la condición de intermediario que tiene cualquier intérprete al grado de funambulista : de la música, de los espectadores y del espacio. Vitruvio señaló que la armonía es una ciencia difícil y oscura. El arquitecto romano no explicó que, cuando se acierta a descubrirla, todo adquiere un sentido inédito. La palabra se ha convertido en un tópico demasiado gastado, pero sigue ayudando a entenderlo: 'De cerca', en manos de Aimard, es una experiencia.