Escuchando

Otra jipi

Cuando este otoño vuelva a sonar la gaita en el teatro Campoamor de Oviedo , a finales de octubre, más o menos, el autodenominado mundo de la cultura debería estar pensando en qué ponerse para el cincuenta aniversario del punk británico, o jubileo de oro, por seguir la nomenclatura de la misma Corona británica contra la que los Sex Pistols abrieron fuego el 26 de noviembre de 1976, fecha marcada en rojo para cualquier estudioso de las revoluciones que marcaron el último fin de siglo. ¿Qué hace entonces una jipi como Patti Smith en un aniversario como este? Mujer fatal, siempre con problemas, responderían los Burning.A la autora de 'Piss Factory' le debemos muchas cosas, no solo grandes canciones, bien escritas y más inspiradas por el malditismo afrancesado de Rimbaud, Verlaine o Baudelare y la contracultura norteamericana, encarnada por William Burroughs, con el que hizo migas, que ligadas a una revuelta extramusical con la que nada tuvo que ver ni oír y en cuyos títulos de crédito, sin embargo, figura como madrina postiza. Desaseada, sí, pero con estudios. Sin depilar, siempre, pero exquisita para interpretar unos poemas que la industria del siglo XX comercializó sin que el gran público apenas se diera cuenta con la etiqueta del pop. Afinada, pero zarrapatrosa. El punk, en cambio, iba siempre de etiqueta, vestido por Vivienne Westwood, 'dress code' al que la modista terminó por meterle fuego en una 'performance' en el Támesis de los jubileos. Patti Smith es incombustible. Falsa bandera. Falsa punk.Raro es el año en que la compositora de Chicago no recala en España, donde se aficionó a García Lorca, donde ya ha recibido las más altas distinciones y en cuyos escenarios suele recitar poemas propios y ajenos e interpretar, de la mano de una banda soberbia, un repertorio que dio por cerrado hace ya mucho tiempo. Nada que añadir. Sobran las palabras. Casi octogenaria, Patti Smith arrastra por las tablas su legado jipi y su 'People Have the Power' mientras la adoran como punk. Cosas del mercado, y también de la desmemoria que paradójicamente la sostiene y la mantiene en los carteles.Hay en Patti Smith, y a diferencia de las viejas glorias que despachan en vivo la misma mitología que los esclaviza, una pulsión creativa, de ruptura estructural, muy jipi, nada punk, que la ha llevado a separar el agua bendita del aceite del motor, las obras maestras que ilustró Robert Mapplethorpe de las composiciones experimentales en las que se ha involucrado de un tiempo a esta parte. 'The Coral Sea', trabajo de prosa poética que distorsionó con su guitarra Kevin Shields, hasta reventarlo, o sus frecuentes colaboraciones con el Sound Collective, dan buena muestra de la inquietud artística de una autora que ha sabido conjugarse en pasado y en presente. Mientras resuena 'Free Money', el futuro vuelve a empezar este 9 de mayo, en una Bienal de Venecia en la que Smith interviene como invitada al pabellón del Vaticano, 'El oído es el ojo del alma'. Putos jipis.