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Llenazo y éxtasis: el bautizo de Rosalía en el Madison Square Garden

A Rosalía no se le resiste nada. Tampoco Nueva York, donde este martes debutó en su escenario más icónico, el Madison Square Garden. La artista española ha cruzado el charco con su 'Lux Tour', la gira nacida de su último y aclamado disco, 'Lux'. Y lo ha hecho con el mismo éxito que ha cosechado en Europa, desde el arranque en Lyon a su paso apoteósico por Madrid o las paradas más recientes en Berlín y Londres.Pero su desembarco en Nueva York ha sido agitado. Hace unos días, la cantante anunció de forma repentina la cancelación de las actuaciones que tenía previstas en Miami y Orlando, las dos principales ciudades de Florida. La razón era una «emergencia familiar», de la que no dio más detalles y por la que tuvo que volver a su ciudad, Barcelona.Reapareció la semana pasada en Boston , agradeció la comprensión de su público y siguió adelante. «Gracias por entenderme, por entender que los seres queridos tienen que ir primero», aseguró. «Cuando algo inesperado y doloroso ocurre, es duro seguir adelante. Pero realmente creo que esto merece la pena».Noticia relacionada general No No Minor White, el fotógrafo 'beat' que fusionó paisaje, poesía y soledad Carlos SalaEn Nueva York ya no habló más del asunto, pero aquí también tuvo turbulencias. Rosalía venía a hacer doblete en el Madison Square Garden: 16 y 17 de junio. La primera fecha tuvo que retrasarse al 18 por las finales de la NBA, que tuvieron a los New York Knicks como ganadores. El Madison Square Garden es su casa, así que no habría sitio para Rosalía si las finales contra los San Antonio Spurs -a siete partidos- llegaban a un sexto encuentro. Pero eso no se produjo y la fecha volvió a regresar al día 16.El Madison Square Garden ha vivido noches históricas en esas finales de la NBA, en especial la imposible remontada de 29 puntos que los Knicks ejecutaron la semana pasada. A la parroquia le costaba mover los pies con el mambo de 'Despechá', con el suelo pegajoso, quizá de la cerveza que voló aquella noche inolvidable de los Knicks.Fue también histórica la noche para Rosalía que tuvo su bautizo en el Madison Square Garden. «Esto es algo grande para mí, es una locura», dijo al público, saltando del español al inglés. «Esta ciudad me tiene enamorada de siempre, desde la primera vez que vine», añadió, y recordó su debut neoyorquino. Fue dentro de la programación del Festival de Flamenco de Nueva York, después de publicar su primer disco, 'Los Ángeles', una visión personal de clásicos del flamenco. «Había como veinte personas, no te exagero», contó al público. Algo sí exageraba. Había más gente en el coqueto Joe's Pub aquella noche. Pero nada comparado con el llenazo hasta la bandera en el Madison Square Garden, el templo neoyorquino de los deportes y los grandes conciertos.«Espero que os llevéis algo de aquí esta noche», dijo al público. «Eso es lo que da sentido a lo que hago», añadió antes de entonar la conmovedora 'Mio Cristo Piange Diamanti' . Para entonces ya había cantado varios temas de 'Lux', siguiendo el mismo formato de espectáculo que ha presentado en Europa: números basados en 'Lux' y su anterior álbum, 'Motomami' (con el añadido de la saeta 'El Redentor' de 'Los Ángeles'); con un viaje entre el tono sacro de su último disco y lo terrenal de 'Motomami', con un escenario conceptual y magnífico en el uso de la luz, rematado con un rótulo de subtítulos enormes, para que la parroquia entienda lo que canta Rosalía en la docena de idiomas que se escuchan en el concierto.La actuación es una especie de servicio espiritual, con préstamos estéticos del catolicismo, que los fieles de Rosalía adoptan con entusiasmo. En el Madison Square Garden había mucha gente de blanco, como si el bautizo fuera en un recodo del Misisipí. Algunas chicas llevaban coronas de puntas, como imágenes de la Virgen. Algunos chicos eligieron túnicas blancas. Y también mucho 'outfit' oscuro, para encarnar la otra cara de Rosalía en su 'show'.«Rosalíaaaaa… ¡Guapaaaaa!», le gritaban desde el público, como si fuera la Macarena. También tuvo presencia un botafumeiro posmoderno -es difícil saber cuántos en Nueva York entenderían la referencia- y el habitual confesionario previo a 'La perla', la canción más cantada. La invitada a 'confesarse' fue la cantante estadounidense Maggie Rogers, que contó lo mal que se portó con ella un periodista de 'The New York Times'. El concierto fue un éxtasis creciente, de la emoción al baile, del recogimiento a la 'rave'.El bis con 'Magnolias' fue un cierre con una estética sublime, con Rosalía desapareciendo en una mancha de luz. La gente se fue encantada. Otros tantos volverán el miércoles por la noche, también con el cartel de 'no hay billetes'.