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Entre el amor y la furia: el mejor Nick Cave en años cierra el Mad Cool

Varios operarios pasando la aspiradora por el escenario minutos antes. Un visillo de tul blanco gigantesco en el fondo. Casi había caído esa «larga y oscura noche» a la que le canta en su último disco, 'Wild God', cuando Nick Cave apareció sobre el escenario principal del Mad Cool y nos soltó tres bofetadas: 'Get Ready For Love', 'From Her To Eternity' y 'Train Long-Suffering'. El público reaccionó durante esos primeros minutos como si estuviera asistiendo a un exorcismo, con el australiano moviéndose como un animal enjaulado con su espigado cuerpo de Bela Lugusi en el papel de Drácula . Antes de que acabaran esos tres temas, el cantante ya había caminado sobre las cabezas y estrechado las manos de todos los que le miraban desde las primeras filas como si fuera el mismo Elvis. «¡Gracias jodido Madrid!».Cave lleva unos años demostrando que la música ha sido su salvación . El medio más rápido para cicatrizar sus heridas y olvidar los golpes que ha recibido en la última década, con las pérdidas de su exnovia y colaboradora Anita Lane y de sus hijos, Jethro y Arthur. Después de que este último se precipitara por un acantilado tras consumir LSD, el compositor reconoció: «La rabia y el odio perdieron su encanto después de su muerte». Anoche, sin embargo, no lo parecía, a juzgar por la violencia musical que desató con Colin Greenwood, de Radiohead, machacando el bajo.Durante esta última jornada del festival madrileño –con más de 50.000 asistentes, pero no las entradas vendidas–, se produjo la enésima catarsis de Nick Cave. Otra de esas ceremonias de purificación a las que nos tiene acostumbrados, usando su propio dolor como un estímulo para hacer de las suyas. Unas veces gritando como en 'Tupelo' y aporreando su teclado como en 'Red Right Hand', uno de los mejores momentos de la actuación, como si el mismísimo Tommy Shelby fuera a aparecerse sobre el escenario mientras la multitud tarareaba la melodía como hinchas de fútbol.Noticia relacionada general No No Getafe pone un centenar de multas y cierra el parking del Coliseum por el caos de movilidad en el Mad Cool Amina OuldOtras, acariciando su piano, con su impecable traje negro, como en 'Carnage', 'Wild God' y, especialmente, 'O Children'. Ellis tocando el violín en difícil equilibrio sobre una silla y miles de seguidores uniéndose al coro de gospel en el estribillo: «Niñoooos / alcen la voz». Quién se lo iba a decir a José Luis Perales con su «que canten los niños, que alcen la voz» de hace 40 años… con perdón.«Joy»El 'Tupelo' –«¡esa misma negra!», gritó alguien– cogió la cabeza a un seguidor y este quedó como hipnotizado. Sonó entonces 'Joy', el momento más bonito. Dos notas más de piano por aquí, otro coro de fondo por allá y el capo recitando versos sueltos como si fueran salmos. Cave se quedó solo cantando a capela, con la audiencia escuchando en el más absoluto silencio y sin apenas móviles grabando. Magia. Apareció un gran «joy» («alegría») en la pantalla en la canción más triste del mundo. Pura belleza la de este tema. Cuanto menos hay, más emociona. Resulta un tanto extraño escuchar una música tan solemne en un entorno como el de los macrofestivales, repletos de estímulos extramusicales, carteles luminosos, reclamos publicitarios y hasta una noria gigante dominando el recinto. Fue la puerta de entrada al tramo final del concierto, en una especie de montaña rusa en la que los Bad Seeds tocaron 'Henry Lee' –con una de sus coristas de voz portentosa en vez de PJ Harvey–, 'Papa Won't Leave You, Henry', 'Jubilee Street' y 'The Weeping Song'. Cave ya sin chaqueta y la camisa completamente empapada en sudor, hasta llegar el momento mágico de 'Into My Arms'. Una última catarsis, esta vez colectiva, para cerrar el concierto con todo el mundo susurrando el estribillo. «¡Qué bonito!», comenta el cantante mientras escucha callado al público. He visto a Nick Cave seis veces en directo, desde La Riviera a finales de los 90 hasta el Movistar Arena hace dos años, y esta, sin temor a equivocarme, ha sido la mejor de todas. David Byrne y PulpNo debe ser fácil actuar el mismo día que él, debió pensar Jalen Ngonda cuando se enfrentó al solazo cuatro horas antes. El estadounidense convirtió el escenario principal en un pequeño club de rhythm and blues. La Motown en vena a casi 40 grados sin necesidad de grandes aspavientos. Poco antes de las 20.00, The Black Crowes . «Os vamos a dar un jodido día soleado de rock and roll», soltaba su vocalista, Chris Robinson. «¡Qué rollazo tiene bailando!» se escucha cerca, antes de que la banda se lance a por 'Remedy', 'Sting Me' y otros temas de 'Shake Your Money Maker', uno de los discos fundamentales de los 90. Ejercicio de nostalgia que Leiva disfrutaba, pasando desapercibido, desde la torre frente al escenario. El líder de The National, Matt Berninger comparecía en solitario en el escenario Orange con una propuesta mucho más íntima. Un contrapunto reposado al resto de la jornada en la que también actuaron Nina Kraviz, Kasabian –que tuvo la mala suerte de coincidir con Cave–, Richie Hawtin –defendiendo cual lobo solitario la mejor música electrónica de las últimas tres décadas– y David Byrne en estado de gracia a sus 74 años. No es fácil encontrar a artistas capaces de mantenerse tan creativos después de medio siglo de carrera con su naturalidad. El que fuera cerebro de los Talking Head atrajo a buena parte de los 50.000 asistentes y les regaló algunos clásicos como 'Psycho Killer', 'Once in a Lifetime' y 'Burning Down the House'. Fue el más divertido y extravagante. Un poco de pop, rock para intelectuales, ritmos latinos y hasta música africana. Una actuación cercana a la performance, bailarines incluidos. Cerró Pulp. El regreso a Madrid de Jarvis Cocker era otro de los platos fuertes de esta edición, que demostró no haber perdido mucho de su magnetismo. El cantante, uno de los reyes del britpop en los 90, sigue siendo un buen maestro de ceremonias. A diferencia de Nick Cave, con mucho más humor e ironía, pero de elegancia parecida, y un buen puñado de éxitos que se tararearon de madrugada, como 'Disco 2000', 'Babies' y 'Do You Remember The First Time?'. Y acabó, cómo no, con el apoteósico de 'Common People'.