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Kanye West: un espectáculo portentoso, a pesar de todo

Comenzó Kanye West justificándose en forma de rimas, que buena falta le hacía: «Estaba borracho de poder y bebiendo», «algunos de mis seres queridos se convirtieron en seres perdidos» y «el dolor me nublaba los pensamientos». Es 'King', el tema que abre su último disco, 'Bully' (YZY/Gamma), tras meses de disparates, provocaciones, polémicas y barbaridades. Seguro que cuando apareció sobre el gigantesco planeta Tierra que hacía las veces de escenario –rey de su mundo–, los 65.000 seguidores que acudieron ayer al Riyadh Air Metropolitano respiraron aliviados.Su presencia en Madrid, única actuación en España, era un milagro, una excepción a la regla que ha regido su gira: la cancelación. El rapero ahora rebautizado como Ye había sido vetado en Australia, Reino Unido, Francia, Polonia, República Checa y Suiza por su deriva antisemita , que expresó a través de su obra y de varias entrevistas. Por eso más del 60% de los asistentes venían del extranjero, según la organización. Otros países intentaron prohibirlo y el mismo Ernest Urtasun, ministro español de Cultura, lo barajó tras calificar sus declaraciones de «repugnantes», pero nada. Apareció el artista 15 minutos después de la hora anunciada, coronado y controvertido, para confirmar en otra de las rimas de 'King': «El héroe se convirtió en villano».Atado todo el rato a un cable de seguridad para no despeñarse desde lo alto de su enorme esfera de 30 metros de diámetro, que no le permitía moverse más de tres metros en su polo norte, West siguió con 'Father Stretch My Hands, Pt. 1' y 'Can't Tell Me Nothing', en un espectáculo que, desde el principio, con fuegos artificiales incluidos, dejó claro que la parte visual era tanto o más importante que la musical. Y eso que se corearon prácticamente todas las letras de principio a fin y nadie se sentó durante el concierto, e incluso, se saltó mucho.Por muchas imágenes que hubiéramos visto de su actuación previa en Tirana (Albania), la escenografía preparada por West resultó abrumadora, como traída de otro mundo o de dos siglos después. Pocas veces se ha presenciado en España, por lo menos hasta donde alcanza mi memoria, semejante montaje, hasta el punto de que no había público en la pista, pues estaba ocupada por los mil cachivaches que proyectaban imágenes, lanzaban cohetes o disparaban láseres. Estos últimos especialmente intensos en 'All The Lights'. «¡Cómo puede ser todo tan increíble!», me gritó una seguidora en inglés. Un espectáculo nocturnoAunque un poco deslucido hasta que se hizo de noche a eso de las 22.00, la gran orbe sobre la que paseó West se mantuvo la gran mayoría del tiempo girando sobre sí misma a diferentes velocidades, iluminada por centenares de focos en 'Beauty And The Beast', 'I Can't Wait' y 'Father'. En otros momentos era el cantante quien aparecía proyectado, como en 'Heartless' y 'All The Love', esta última acompañada de nuevo por todos los presentes. Es como estar dentro de una película de Nolan o Spielberg, con Ye como único protagonista y el auditorio entregado, salvo en la zona VIP, donde muchos preferían estar bebiendo copas tras haber pagado entre 500 euros y 1.000 por cada entrada. No había músicos, no había bailarinas. Solo estaba el rapero enfrentándose a todo. Un joven seguidor cerca de mí hizo una videollamada a su madre para que viera lo que él estaba viendo. Ella puso cara de sorprendida en la pantalla. Ríete tú de la casita de Bad Bunny . West sacó también su lado más combativo. Sonó 'Niggas In Paris', con sus referencias a multimillonarios como Michael Jordan, Mike Tyson y Michael Jackson, para celebrar el éxito económico y cultural de los negros. ¿No hay ninguna artista que haya logrado el mismo éxito? Y 'Black Skinhead', ese «cántico de estadio de fútbol», según su amigo Travis Scott, con una percusión que parece sacada de un tema de Marilyn Manson y que ayer retumbó en todo el estadio. Un tema que, por cierto, su compositor no utiliza para homenajear al nazismo, cuidado, sino para reflexionar de nuevo sobre el poder y la fama alcanzada por los afroamericanos, que asegura nuestro protagonista es percibida como una amenaza por el resto del mundo… el mundo de los demás, no el suyo. Podríamos haber pensado lo primero, claro, por sus consabidas proclamas nazis, aunque anoche no interpretó, como era de esperar, su 'Heil Hitler', ese incendiario sencillo que publicó el año pasado y con el que comenzó su descenso a los infiernos. Iba a formar parte de un álbum que finalmente no vio la luz, 'Cuck', con el que afirmaba que su batalla por la millonaria deuda que tiene con Hacienda en Estados Unidos le había acercado al nacionalsocialismo. Por si no quedaba claro, hasta incluía un fragmento del discurso del dictador alemán en la fábrica Krupp de Essen en 1935. No habló de nada de eso anoche, ni para reafirmarse ni para disculparse. En realidad, no dijo nada de nada, porque no se dirigió a la audiencia ni una sola vez. Modo Bob Dylan. Kanye West, en el Riyadh Air Metropolitano ABC / Kei Scampa / Denki StudioLa canción naziTampoco interpretó ninguna de las versiones que realizó de su canción nazi para sortear la censura en las casi dos horas que duró el concierto y los más de treinta temas que interpretó. West llegaba a Madrid en son de paz. El rapero ya se disculpó en enero en 'The Wall Street Journal': «Hice cosas de las que me arrepiento profundamente. Traté a algunas de las personas que más quiero de la peor manera». Y luego justificó su «fractura» con la realidad, así la definió, con un accidente de tráfico sufrido hace 25 años y un «trastorno bipolar tipo 1 que no justifica lo que hice. Yo no soy nazi ni antisemita. Amo al pueblo judío».Hay algo triste también en la música de Ye, al menos en una parte de ella, aunque no lo parezca. Como si su incontrolable ego pasara a un segundo plano, generando momentos nostálgicos con 'Mercy' y 'Praise God'. También cuando se escuchó el piano de 'Blood On The Leaves' a mitad de la velada y el soul sesentero de 'Ghost Town' hacia el final, donde cantó: «He intentado que me ames / pero todo lo que hago te aleja de mí». Y es que West es también un superviviente, sobre todo de sí mismo, aunque con unas producciones que están a una altura que pocas figuras del hip hop pueden alcanzar. Una de ellas en la que cerró el concierto, 'Runaway', con esa nota de piano percutiendo sobre la melodía de una voz en la que Kanye West aprovecha para bajar de su mundo y marcharse a pie del estadio. La 'guerra' ha terminado y él es despedido con una ovación general y unos cantos gregorianos de fondo. Vale que luego tendremos que sufrir al otro Kanye West, a su 'Mr. Hide', pero el de este jueves en Madrid ha estado muy bien.