Escuchando

Dover, el amor de una hermana contra el infierno de la violación y la depresión

Triptizol, Zaldiar, Enanplus, Robaxin, Cymbalta, Lexatin, Trankimazin, Tramadol, Metocarbamol, Atarax, Lyrica. Los que están familiarizados con estos nombres saben que lo que viene a continuación es una historia de dolor. Abismal y de todos los tipos posibles. Es la de Cristina Llanos, cantante y guitarrista de Dover , plasmada de su puño y letra en 'La noche cayó y ya nadie pudo salvarme' (La esfera de libros), un diario de memorias punzantes, de esas que es mejor no recordar a no ser que se tenga un buen plan. El de la 'front-women' de la desaparecida banda madrileña parece bien diseñado: soltarlo todo sin importarte nada, escribiendo para ti y no para el lector. Que también debe tener su propio plan: acercarse al relato con la armadura puesta. Porque leerlo también puede dejar rasguños. Aunque, y esto lo hace más triste aún, casi nada de lo que cuenta sorprende. Algo tenía que estar pasando en ese momento de la carrera de Dover en el que el gesto de su rostro y sus cambios físicos lo decían todo. Pero qué íbamos a saber nosotros. Lo de siempre.En aquella segunda mitad de los noventa en la que Nirvana tenía absorto al planeta música, la banda de Majadahonda fue el canal de transmisión entre los demonios de Kurt Cobain y la juventud española. Porque no eran tan distintos a los de Cristina, a esa depresión severísima y persistente a la que llama 'Marasmo' en su libro. Suerte que ella tuvo el amor de una hermana para no acabar como él. Es ahí, en las confesiones sobre su relación con Amparo, la feroz guitarrista del cuarteto, donde encontramos algunos de los fragmentos más conmovedores del libro. «Temo que esto derive en una elección forzosa entre mantenerme a flote a mí y hundirse ella o soltar mi mano y salvarse a sí misma. Demasiada preocupación por mis vaivenes con el Marasmo y mis dolores crónicos: 'Hoy me duele esto'. 'Hoy me haría el harakiri'. No encuentro el modo de contarle la verdad, de confiarle mis tormentos, sin hacerla papilla en el proceso. Su condición de hermana mayor la sitúa en una posición imposible. Injusta. Pero si yo mando un SOS aparece inmediatamente con el casco de bombera. Vive acojonada por mi culpa . La llamo llorando y ella me escucha. Paseamos por el parque y ella me escucha. Escupo Marasmo y ella se lo traga. Empiezo a encontrarme mejor y ella me sostiene. El mundo deja de ser un lugar inclemente y ella me anima. Empiezo a dudar de que la única solución para mí sea la muerte y ella suspira bajito, aliviada, con la esperanza de que sea la última vez que hablo de suicidio. Y tras muchos abrazos y muchos: 'Pero ¿seguro que te encuentras mejor, pitusa?', me marcho a casa dejándola a ella preocupada, confusa y alerta».Así le hablaba el 'Marasmo' en los tiempos del 'Milagro', que es como define el éxito de Dover: «Aquí estoy. No te hagas la sorda, que sé que me escuchas. Por mucho que salgas en televisión. Por más discos que vendas. Seguiré aquí. Para siempre. Pase lo que pase. Hasta el último de tus días». Aquella fama demasiado bestia e inesperada hizo tambalear una personalidad frágil que ya se había roto en pedazos antes. Cristina era un jarrón chino lleno de esparadrapos, y quién sabe, quizá fue con eso con lo que tanta gente conectó.El fin del mundoMientras sus fans botaban en los conciertos al ritmo de 'Devil came to me' , los demonios la devoraban por dentro. Y la angustia de dejar de disfrutar con lo que único que la salvaba, pudo con ella. «¿Qué va a ser de ti, si lo único que sabías hacer ya no puedes ni quieres hacerlo?». «¿Cómo vas a sobrevivir por ti misma, si no vales para nada?», le decía entones el 'Marasmo'.Todo se entiende mejor cuando en un momento determinado de sus diarios, Cristina cuenta que a los 18 años sufrió una violación. «Así llegó el fin del mundo como lo había conocido hasta esa noche. Perdí de un plumazo toda conexión con él. Y no la he vuelto a recuperar nunca. No del todo. Ni siquiera durante el Milagro. El Demonio se la llevó. En su lugar me dejó un boquete sin fondo. Y nunca terminaré de llenarlo o taparlo, de eso no me cabe la menor duda».Pero se entiende aún más al llegar unos párrafos más abajo, donde cuenta cómo la recibió su padre cuando llegó a casa, destrozada física y mentalmente. «Llegué tarde, inevitablemente. Pasadas las doce. Y allí estaba el viejo. Esperándome. Ciego de cólera, como se ponía cuando se sentía desafiado. Ni siquiera se dio cuenta de que estaba llorando. Me agarró por el cuello de lo que fuera que llevaba puesto, el abrigo, supongo, no recuerdo si me dio tiempo a quitármelo, me estampó contra la esquina que hacían la pared de la cama y el armario empotrado, y a un centímetro de mi cara, con la voz llena de resentimiento y de un algo enfermizo, dijo: 'Ándate con cuidado, Cristinita, que ahora no están tu madre ni tu hermana para defenderte'».MÁS INFORMACIÓN Opinión Dover confirma su separación después de 24 añosEn 2016, tras una última etapa lastimosa y confusa, el 'Milagro' de Dover se rompió y solo quedó el 'Marasmo'. Desde entonces ya han pasado diez años en los que ha dado tiempo para que la caída de Cristina sea aún más profunda, por la muerte de su hermano Mariano, en 2023, víctima de una paliza en la Cañada Real. Pero también para mirarse por primera vez a sí misma con valentía y escribir un libro poderoso, con una verdad demoledora y una sencilla dedicatoria: «A ti, hermana».