Después de cuatro discos con los que ha recorrido medio mundo y ha ganado infinidad de premios incluyendo seis Grammy Latinos, el cantante colombiano Camilo llegó a ese punto en el que sientes que has escalado tanto que ya no sabes cómo bajar. Ese vértigo, ese anhelo de volver a pisar suelo firme para recordar cómo era, le ha llevado a componer 'Para cuando sean mayores' , un disco en el que intenta dejarle por cantado a sus hijas (de cuatro y dos años) una lista de todo aquello que no deben dejar de cuidar cuando se conviertan en adultas. Pero lo hace sin paternalismos, valga la contradicción. Y es que al abordar el proyecto se dio cuenta de que eran ellas quienes le estaban aleccionado a él, en un proceso sobre el que reflexiona con ABC en un hotel de Gran Vía, tomándose su tiempo para meditar a fondo algunas respuestas y demostrando que su enfoque no es nada superficial, sino fruto de una profunda y larga conversación consigo mismo, que ha conseguido comprimir en píldoras pop de tres minutos.—Presenta este disco como un «reencuentro con las cosas importantes». ¿Las había perdido de vista?—Sí. Mi papá tenía en su mesita de noche una frase de Walt Whitman que decía: «Si buscas en la distancia, acabarás regresando». Creo que la ruta hacia las cosas valiosas es casi siempre un reencuentro, casi nunca es una cosa lejana que nunca tuviste. Casi siempre es un regreso, o de parar y dejarse alcanzar por lo que le estaba persiguiendo a uno, que es lo que me pasó a mí con mis hijas al hacer este álbum.—¿El título del disco se extiende a toda la generación de sus hijas?—Sí. Ahora que soy mayor, me doy cuenta de cuánto necesito las cosas que me estoy diciendo a mí mi mismo en el álbum, y que sé que ellas van a necesitar cuando sean mayores. Hubo un momento en el que caí en la trampa del ego, de creerte que sabes lo que van a necesitar. Pero en el proceso me di cuenta de que era una jugarreta, una trampa del ego, ya no solo con el disco, sino con la paternidad, con esa cosa de «déjame que yo te enseñe lo que es valioso...». Y yo no me identifico con eso, porque es como un autogol. Yo estoy aprendiendo de manera constante con mis hijas, y todas las cosas que les entrego en el álbum, son cosas que ahora se me están entregando a mí con claridad. Espero que en el futuro sean un recurso para ellas.—¿Qué es lo que más le preocupa del futuro de sus hijas y sus generación?—Todo lo que considero valioso en mí, es fruto del enfrentamiento que tuve con la escasez, la adversidad, la soledad, el rechazo. A veces no sé si mis hijas han sido expuestas a esos estímulos, y me pregunto cómo llega alguien a encontrarse con el verdadero valor de las cosas, si no es a través de eso. Si solo se encuentran generosidad, no sé si van a descubrir el valor de saber qué es la escasez, la necesidad. Con la vida que tienen tan diferente a la que yo tuve, no sé cómo llegarán a ser personas sensibles, con sentido del valor de las cosas.«En política lo vemos todo tan polarizado, que si eres de centro te sientes solo y no tienes la valentía de apoyar propuestas que defiendan esa posición»—Da la sensación de haber meditado mucho sobre todo esto, en silencio, con calma, sin distracciones. Y en el disco también habla de la pérdida de la capacidad de disfrutar de las cosas sencillas. ¿También se refiere a eso, a ser capaz de disfrutar del silencio, de no hacer nada, sin que sobrevenga la ansiedad?—Hay varias canciones del álbum que hablan exactamente de eso, que nos pasa a todos. Nos hemos vuelto adictos al estímulo fácil que nos distraiga de enfrentarnos con nosotros mismos. Ya nadie mira por la ventana. Yo recuerdo cuando de pequeño iba de Medellín a Coveñas en coche, ocho diez horas de camino, sin nada con que entretenerme. No leía porque me mareaba, así que me tiraba las diez horas mirando por la ventana, y tengo memoria de haber llegado a pensamientos y conclusiones increíbles. Recuerdo momentos de que la cabeza me hacía unos 'clics' que a día de hoy me siguen acompañando y son fundamentales en mi identidad. Así que dedico tiempo de manera consciente a eso, a no hacer nada.—Todo esto, metido en el mundo del espectáculo y teniendo tanto éxito, suena difícil.—Es complicado, sí... Mis hijas son un atajo rápido a regresar. En cuanto tengo que cambiar el pañal a la pequeña, ver si le ha bajado la fiebre a la grande, que hace poco se partió un dientecito jugando, las luces de los conciertos y las cámaras de las entrevistas pasan a un segundo plano.—¿Cómo se digiere ganar seis premios Grammy en seis años sin que se te suba a la cabeza?—Es complicado, porque vivirlo es diferente a soñarlo. Soñar el sueño es diferente a vivir el sueño. Por ejemplo, cuando te dan el Grammy en la gala, al bajar del escenario te lo quitan porque no es de verdad, te lo mandan a casa a los seis meses. Luego entra la publicidad, te vas al baño... En las películas te dan el Grammy, salta el confeti y se acaba la película. Nadie te cuenta lo que viene después. Otra cosa es que luego no he sabido dónde ponerlos. Los he cambiado de sitio mil veces, porque si los pongo muy a la vista, los estoy viendo todo el rato y no quiero componer nuevas canciones con esa presión.MÁS INFORMACIÓN Opinión Camilo: «La curiosidad es mi único vehículo, mi motor»—¿Cómo ha vivido el terremoto en Colombia, y también el otro terremoto del cambio político, que es algo que afectará a las próximas generaciones?—Nosotros estábamos organizando labores de ayuda con la fundación The House Project para el terremoto de Venezuela, cuando sucedió el de Colombia. Así que nos pilló estando ya manos a la obra, y lo teníamos todo preparado para ayudar. Uno se pregunta qué le estamos haciendo al planeta... Luego pasó lo de Nepal, y ves que se van acumulando estas tragedias. Respecto al cambio político, creo que hay que dejar tiempo y ver qué hace el nuevo presidente. Mi país tiene una historia muy compleja y está muy dividido, pero ¿sabes lo que pienso parce? Que es más la idea de la división, que la propia división. Cuando preguntas a alguien dónde cree que está la mayoría de la gente, en la extrema izquierda o la extrema derecha, te dirá que una o la otra. Pero si le preguntas dónde se ubica él mismo, casi siempre te dirá que está por el centro. Como creemos que estamos solos en esa posición, no tenemos el valor de apoyar propuestas políticas que la defiendan. La próxima generación tiene el rato de hacer ese cambio.