Crítica de ópera 'La novia vendida' Música Bedřich Smetana Libreto Karel Sabina Dirección musical Gustavo Gimeno Dirección escénica y vestuario Laurent Pelly Escenografía Caroline Ginet Iluminación Urs Schönebaum Director del coro José Luis Basso Intérpretes Manel Esteve, María Rey-Joly, Svetlana Aksenova, Toni Marsol, Monica Bacelli, Mikeldi Atxalandabaso, Pavel Černoch, Günther Groissböck, Jaroslav Březina, Rocío Pérez, Ihor Voievodin, Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real Lugar Teatro Real, Madrid ****El Teatro Real promete en los próximos días proporcionar al espectador un momento de alegría al margen del desorden mundial. Para ello recupera una ópera poco vista en España, pero muy difundida en lugares dispares como América y Europa central, particularmente la República Checa, donde ' La novia vendida '; es un símbolo de identidad nacional. La obra, compuesta por Bedřich Smetana , se presentó en nuestro país en 1924, con medio siglo de retraso, dispuesta a integrarse en una vida operística aún pujante, lo que llevó al cronista del Real, José Subirá , a señalar que lo hacía envejecida, sin duda porque arrastraba una idiosincrasia demasiado lejana. La vuelta a Madrid, en 1973, no fue mejor y sirvió para que Antonio Fernández-Cid escribiera en este mismo periódico que «los gustos han evolucionado mucho y buscado otros caminos», para acabar reduciendo la ópera a un objeto simpático, sencillo y atractivo.Ante una cronología tan poco proclive, es todo un éxito que la reposición que anoche presentó el Real, en nueva producción dirigida musicalmente por Gustavo Gimeno y en lo teatral por Laurent Pelly , provocara una aclamación tan rotunda. Podría pensarse que, a la tercera, 'La novia vendida'; se ha vuelto interesante por el simple hecho de ser algo insólito y extraño, pero hay otros matices. Pelly aporta una ingeniosa respuesta al convertir la obra en un objeto risible, en el que lo elemental del drama termina por asumir esa 'comicidad de las ideas' que alumbró Flaubert y cuyo destino apunta directamente al absurdo.El director francés, realizador teatral de ejecución siempre afable y en todos los casos buen lector de los textos, diluye los atributos identitarios de 'La novia vendida ' eliminando, por un lado, lo accesorio para que todo se exprese entre paredes negras en una formidable demostración de maestría técnica, y por otro presentando la obra a la manera de ingenua ensoñación, como si se tratara de un folletín de época. La parte verosímil la encarnan los dos enamorados Mařenka y Jeník; lo rocambolesco queda en manos de una población de seres bufonescos, graciosamente vestidos y maquillados, que giran a su alrededor moviéndose con una precisión coreográfica, como bien demuestran las escenas de conjunto o el famoso sexteto del tercer acto.Noticia relacionada general No No Críticas de música William Christie y Les Arts Florissants ofrecen una vacilante inauguración del FIAS madrileño Alberto González LapuentePorque Pelly atiende a la música y se apoya en su narrativa para dar sentido a la escena, aunque la música no siempre le mire a él. Gustavo Gimeno podrá tener mejores días y eso se hizo evidente escuchando el tercer acto en el que la versión por fin penetró en un ámbito sonoro más sosegado, pero hasta llegar ahí se escuchó una obertura furiosa y sobredimensionada, una orquesta tajante, un coro exagerado, sin atisbo de consideración. Demasiado nervio, aunque claridad y precisión; acentos forzados sobre un gesto taxativo y de limitado encanto. Con todo, se impuso el buen hacer de un primer reparto armado sobre la base de estupendos secundarios. Gran Kecal de Günther Groissböck cuya vis cómica y habilidad vocal son dignas de alabarse. No le fue a la zaga Mikeldi Atxalandabaso, construyendo al borrego y tartamudo Vašek con una solidez indiscutible, en este caso sobre una consistencia vocal notable. En cuanto a los protagonistas, el tenor checo Pavel Černoch defendió a Jeník con fluidez y claridad, salvando alguna incomodidad en su aria del segundo acto, mientras que la soprano rusa Svetlana Aksenova dibujo una tímida y prudente Mařenka, focalizando su actuación en el aria final, allí donde el dolor y el sueño de amor confluyen en un momento de incertidumbre. 'La novia vendida' logra así imponerse en Madrid, siglo y medio después de su estreno, tras secularizarse de la mano de Laurent Pelly y bajo la bendición de una escena de cierre iluminada por un cielo de estrellas digno del mejor 'happy end'.