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En manos de Jonathan Nott, ‘Turangalîla’ sigue siendo una música infinita

Crítica de música Ibermúsica: 'Turangalila' Autor Olivier Messiaen Intérpretes Pierre-Laurent Aimard (piano), Thomas Bloch (ondas Martenot), Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya Lugar Auditorio Nacional de Música, MadridLa interpretación de la sinfonía ' Turangalîla ' es un hecho insólito en cualquier programación musical. El ciclo Ibermúsica lo sabe bien porque han transcurrido casi treinta años desde que la obra de Olivier Messiaen se incluyó en su temporada. Entonces estuvo en manos del director Riccardo Chailly al frente de la Filarmónica della Scala, con Jean-Yves Thibaudet al piano y Takashi Harada en las ondas Martenot. En esta ocasión ha sido el director británico Jonathan Nott quien ha dirigido a la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya, con la participación del pianista Pierre-Laurent Aimard, durante su estancia madrileña como residente del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), y del 'marteonista' y especialista en instrumentos poco comunes Thomas Bloch . La gran distancia entre ambas interpretaciones tiene fácil explicación desde la perspectiva logística y económica debido a las exigencias que plantea una obra para los 103 instrumentistas que pedía Messiaen. No es menor la dificultad de integración en el canon sinfónico que (según insisten varios expertos) demanda el espectador que acude con regularidad a las salas de concierto. 'Turangalîla' es, con independencia de sus propios méritos, un reto capaz de convertir el anuncio de su interpretación en algo fuera de lo común y, si se quiere, en un baño de prestigio para quienes deciden afrontarla.En este sentido, es interesante observar cómo 'Turangalîla' ayuda a definir la posición social de la música a lo largo de estos años, con independencia de la asimilación que se haga de una partitura construida sobre principios estrictamente personales. Messiaen se afirmó en la fe católica y sus preferencias creadoras se resumen en una 'música acariciadora, refinada, voluptuosa, pero no sensual': un 'arcoiris teológico', en el caso de 'Turangalîla', según explicó el propio compositor en 1974 cuando la obra se estrenó en España. El intrépido director Odón Alonso dirigió a la Orquesta Sinfónica de RTVE con Ivonne Loriod al piano y Jeanne Loriod encargada de las ondas Martenot, la esposa y la cuñada del compositor, quien también vino a Madrid. El alarde mediático que rodeó la interpretación explica la importancia que se le daba a las novedades musicales.Noticia relacionada No No La Fundación Scherzo celebra el 31º Ciclo de Grandes Intérpretes: leyendas, hitos y nuevos caminos Claudia García.Hoy, el contexto es más restringido pero no por ello pierde intensidad emotiva. El bullir en el Auditorio Nacional antes del concierto y la satisfacción general tras casi hora y media de música exigente demuestra la autenticidad de la propuesta y el impacto que la obra de Messiaen puede causar tras una versión potente e instrumentalmente impactante. Pudo haber margen para la depuración en momentos concretos en los que el ritmo alcanza una complejidad extraordinaria, en los que el desarrollo armónico ofrece una densidad apabullante y la orquestación se vuelve abrumadora, pero por encima de todo se impuso la autoridad de una interpretación incesante y en constante crecimiento. El trabajo de Jonathan Nott, director musical del Gran Teatro del Liceo a partir de la próxima temporada, ha sido brillante y a él se debe la posibilidad de que la obra se entendiera bajo una perspectiva estrictamente arquitectónica, sólida y rotunda. La formidable 'introducción' dominada por la potencia sonora tuvo su contrapartida en el elocuente encanto del 'Cant d'amour II', en la compacta densidad de ' Joie du sang des étoiles ', en la persuasión del 'Turangalîla II', y en la resolución solemne del 'Final'. Mantener la tensión en un grado tan evidente es un mérito que implica a la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya cuya labor ha de ser vista desde la globalidad de una lectura llena de energía. En el detalle está la participación de Thomas Bloch manejando los sonidos electrónicos de las complicadas ondas Martenot, cuya coloración es un rasgo distintivo de la obra. Destacó la precisión en la afinación, el control del vibrato y la muy sensata utilización de los difusores como elemento determinante del timbre. La comprometida coordinación con el piano solista, una parte muy difícil y con momentos especialmente arriesgados, suma a Pierre-Laurent Aimard, manejando una partitura que forma parte esencial de su bagaje como intérprete y de la que hace una verdadera creación. La sinfonía 'Turangalîla' es una obra inabarcable y, en buena medida, enigmática. A partir de ahí, los clichés sobre su naturaleza existencial se repiten ante cada nueva interpretación: porque siguen vigentes y porque ayudan a definir la impronta que dejan las grandes versiones. Es el caso de la que ahora se ha ofrecido en Ibermúsica.