«More flavour» («más sabor») le pide Nancy Fabiola Herrera a la joven soprano ucraniana Yuliia Zasimova después de que esta interprete, junto con el tenor coreano Kangyoon Shine-Lee -al que antes ha reconvenido por un agudo intempestivo-, un fragmento de la zarzuela ' Doña Francisquita ' en un castellano más que correcto. Herrera le hace la corrección, sin embargo, en inglés, y es que ninguno de los dos cantantes, curiosamente, habla nuestro idioma.La escena se desarrolla en el precioso teatro -su antiguo salón de baile- de la Escuela Superior de Canto , donde esta semana ha dado sus primeros pasos la Fundación Plácido Domingo , una «entidad cultural y social sin ánimo de lucro que nació en 2024 con el objetivo de promover la difusión e internacionalización de la zarzuela, impulsar la formación de sus próximas generaciones de intérpretes y preservar el legado artístico de su fundador».Una Residencia de Zarzuela es la primera actividad de esta fundación; en ella se busca favorecer la transmisión y proyección internacional de la zarzuela a través de la formación de cantantes de distintas nacionalidades: estos son el tenor italiano Davide Battiniello, la mezzosoprano georgiana Ekaterine Buachidze, las sopranos ucranianas Aleksandra Domashchuk y Yuliia Zasimova y el barítono Oleh Lebedyev, también de Ucrania; el tenor británico Jack Lee, la mezzosoprano estadounidense Sarah Saturnino, el tenor coreano Kangyoon Shine-Lee y el barítono búlgaro Yosif Slavov. A ellos se ha sumado el barítono español Alonso Cano, estudiante de la Escuela Superior de Canto. El encuentro se cierra hoy sábado con un concierto privado y cerrado al público de los participantes, con Óliver Díaz dirigiendo a la Orquesta de Cámara Santa Cecilia .«Mi padre llevaba muchos años con esta idea en la cabeza -cuenta Álvaro Domingo , hijo del artista y vicepresidente del patronato de la fundación-; quiere darle continuidad a todo lo que ha venido haciendo por la zarzuela a lo largo de su carrera -el año que viene se cumplirán setenta años desde que se subió por primera vez al escenario en Guadalajara (México) para cantar 'Gigantes y cabezudos' junto a sus padres -. Con la fundación quiere dar continuidad institucional y proyectar hacia el futuro toda la labor educativa, cultural, social y filantrópica que ha llevado mi padre a cabo durante los últimos 45 años, además de crear un centro de perfeccionamiento, por así decirlo, que se inicia con esta Residencia, un proyecto piloto que tiene clara vocación de continuidad».Operalia, el origenLa labor educativa de Plácido Domingo, que esta semana se encontraba en Budapest para dirigir un concierto, se concretó en el concurso Operalia , creado en 1993 -en cuya lista de ganadores figuran nombres como Ainhoa Arteta, Nina Stemme, José Cura, Sonya Yoncheva, Lise Davidsen o Xabier Anduaga-, y que incluye la interpretación de zarzuela, con dos premios que llevan el nombre de los padres del actual barítono, Pepita Embil y Plácido Domingo Ferrer . Y entre los participantes en las recientes ediciones de Operalia se ha escogido a los nueve participantes en esta Residencia. «Ya sabíamos que había un gran nivel técnico y de formación lírica -sigue Álvaro Domingo-. Queríamos seleccionar cantantes internacionales y traerlos a Madrid, un nido del género, porque uno de nuestros objetivos es internacionalizar el género. Nos hemos encontrado con que han descubierto la zarzuela y ya la aman. Es muy bonito ver cómo la dicen, y en este encuentro esperamos incrementar su pasión al tiempo que les ayudamos a perfeccionar su dicción, su interpretación, su presencia escénica, incluso su interacción con otros cantantes».MentoresDe esta labor se encargan los cuatro mentores: el director de orquesta Óliver Díaz (director artístico además de la Fundación), la mezzo Nancy Fabiola Herrera , el barítono Carlos Álvarez y el director de escena Emilio Sagi . «El conocimiento de nuestra profesión se transmite así, reuniéndonos -se apresura a decir Carlos Álvarez, cuyo debut escénico fue, precisamente, en el Teatro de la Zarzuela, en 1990, con ' La del manojo de rosas '-. Son como instrumentos tan bien afinados -se refiere a los nueve participantes- que si pones los registros necesarios, tocas la tecla y suenan. Son esponjas, atletas de élite a los que hay que dar el estímulo adecuado, un buen entrenamiento y las indicaciones precisas. No hay que divagar sobre cómo se hace el trabajo porque están acostumbrados a asumir lo que se les dice y tienen una capacidad de metabolización muy grande».A pesar de ser «magníficos cantantes», dice el barítono malagueño que no basta con mostrarles el carácter de las piezas que interpretan. También hay un trabajo técnico. «No deben olvidar que somos los últimos analógicos, y que lo específico de nuestro trabajo está no solo en cómo interpretar un personaje, sino en cómo hacerlo llegar; la proyección, la emisión, que es algo considerado absolutamente técnico, finalmente está directamente relacionado con la interpretación también. Si se cae el sonido, ya has fastidiado una interpretación que podía ser magnífica. Nosotros nos examinamos todos los días, y no solamente delante del público, sino ante nuestros compañeros. Es un escrutinio constante sobre lo que hacemos y decimos que, por cierto, es fantástico».La internacionalización de nuestra zarzuela es una cuestión que se aborda desde hace varias décadas y que no termina de arraigar -con la excepción de Hispanoamérica-, a pesar del éxito que ha cosechado en numerosos conciertos y representaciones fuera de nuestras fronteras. «Los propios alumnos se quedan muy sorprendidos: 'si esto es como Wagner, esto es bel canto'», dice Carlos Álvarez, que considera que la zarzuela merece todo el esfuerzo posible y que su mayor inconveniente está en la parte hablada de las obras. «Ese es el mayor hándicap para que este género maravilloso salga fuera y cualquiera se sienta atraído por un repertorio con una bondad enorme… Pero cuando hacemos 'Carmen' decimos los diálogos hablados en francés… Nuestro trabajo también es transmitir a través del diálogo; de lo que se trata es de hacerlo bien, y ahí entramos en esa controversia de si se adaptan los textos o se mantienen las versiones originales. ¿Vamos a intentar hacer que nuestro trabajo sea reconocible como pueden serlo las 'Meninas' o vamos a hacer las 'Meninas' de Picasso?»