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La Unión, un aullido para gobernarlos a todos

«¡Auuuuh!» fue lo primero que Nacho Cano escuchó cuando se plantó en la puerta de un chalet en el Parque del Conde Orgaz en Madrid, el día que fue a un ensayo de un cuarteto amateur del que le había hablado su antiguo compañero de colegio Luis Bolín. Ese aullido, ese grito primario tenía gancho y el sinuoso acompañamiento musical sugería que podía estar ante un diamante en bruto. Y al entrar dentro y escuchar el resto, lo vio claro: solo había que pulir La Unión para convertirla en una banda de éxito.La casa era de Íñigo Zabala, el teclista del grupo. La guitarra la tocaba Mario Martínez y el bajista era Bolín, que había conseguido que la estrella de Mecano fuese a verlos tocar para valorar si sus canciones tenían futuro. «Mario, Luis y yo nos conocimos en una escuela de publicidad», recuerda Zabala a más de cuatro decenios vista. «Nos hicimos amigos inmediatamente porque en aquella época, con ver cómo se vestía alguien enseguida sabías si era de tu tribu. Según llegamos a clase el primer día nos sentamos juntos. Y como en el Madrid de aquel momento todo el mundo quería hacer algo artístico, decidimos formar una banda».Cuando tuvieron varios temas montados llegó el momento del siguiente paso: buscar cantante. «Luis conocía a Rafa (Sánchez) y le hicimos una prueba. Nos quedamos tan impresionados que ya no buscamos más», cuenta Zabala. «Demostró ser un animal de la composición, encontraba melodías vocales fantásticas para todas las canciones, primero tarareándolas en 'spanglish' improvisado, hasta que tuvimos las letras». «Fue un amor mutuo a primera vista», asiente Rafa. «Me acuerdo de que solo tenían un tema con letra que se llamaba 'Cuchillos, pistolas y tijeras', en honor a una exposición de Andy Warhol que hubo en Madrid en aquella época. El resto eran instrumentales y tuvimos que ir haciéndoles la letra poco a poco».«Yo en esa época estaba bastante obsesionado con Boris Vian y estaba leyendo 'El Lobo-Hombre' y 'Los perros, el deseo y la muerte», recuerda Zabala. «Para nosotros era más fácil escribir letras inspirándonos en historias que ya existían, aunque luego las lleváramos por caminos diferentes. Leíamos textos de Bécquer, de Edgar Allan Poe o en este caso de Vian, y los llevábamos a otros lugares. Le pasé los libros a Rafa y entre los dos escribimos la letra. Así fue con casi todas las letras de la primera etapa». «Sí, los dos teníamos en común el amor por la literatura, pero como él tenía más dinero que yo, los libros los compraba él y me los iba pasando», ríe el cantante.El primer día que ensayaron 'Lobo Hombre en París' con su letra «se sintió la magia», como describe Zabala. «Yo sentí que era una canción especial desde el primer momento», añade Rafa. «Es que le pasaba a todo el mundo -retoma el ex teclista-, recuerdo que en el estudio teníamos una señora de la limpieza que nos escuchaba y nos decía: «Esa canción va a ser un éxito, os lo digo yo» (risas). Todo el mundo lo veía así, y fue lo que ocurrió. ¡Es que fue un éxito el primer día! Salió, se puso número uno y estuvo trece semanas sin moverse de ahí. Y en nada ya estábamos presentándola en Tocata, el programa musical más importante de la televisión». Impactar en una escena ajena«El 'Lobo' fue muy impactante para la escena musical cuando salió», recuerda Zabala. «Estábamos en plena Movida madrileña, en la que casi todos los grupos tenían alguna conexión en cuanto a sonido. Pero nosotros no nos parecíamos a nadie». «Es verdad, siempre nos sentimos muy solos en el panorama musical del momento», corrobora Rafa sin esconder que, «lamentablemente, eso nos afectó tanto que en el segundo disco, 'El Maldito viento', intentamos acercarnos al sonido de las otras bandas y fue un pinchazo. Suerte que el tercero fue una remontada en toda regla».Ese primer single fue tan impactante como difícilmente superable, «y eso acabó convirtiéndose en una losa para nosotros», reconoce Zabala. «Es que tener un debut tan fuerte puede ser una mochila muy pesada.... Hace unos días, el director de Warner en México me dijo que estaba en el puesto 75 de Spotify en la lista de las canciones más escuchadas en el país. Es una canción bestial, y eso quizá opacó otras canciones que podían haber sido igual de exitosas si hubieran salido antes».El pelotazo de 'Lobo Hombre en París' no fue fácil de digerir para aquellos veinteañeros. Tal como confiesa Zabala, eran «cuatro chavales a los que les gustaba mucho pasarlo bien, y con el éxito esas ganas fueron el doble». Y como casi siempre, ese éxito tuvo doble filo. Los cuatro se sumergieron en «una dinámica de excesos, de descontrol total y absoluto», y por otro lado, la gente solo quería escuchar 'Lobo Hombre'. «En nuestro primer concierto con público, creo recordar que en Alzira, tocamos ante 10.000 personas. ¡Imagínate, 10.000 en tu primer concierto! Bueno, pues empezamos a tocar, una canción, luego otra, luego otra, y a la cuarta tocamos el 'Lobo'. En cuanto terminamos, todo el público se largó. No querían nada más. Es que lo de esa canción fue demasiado salvaje».Arriba, la contraportada y portada del recopilatorio y una foto de la época. Abajo, La Unión en su primera visita a Buenos Aires Cortesía WarnerLos dos miembros fundadores proclaman con orgullo que «nadie le ponía un pero a la canción», pero hay que recordar que ciertos sectores de la prensa musical decidieron tomarla con ellos y desatar una campaña de críticas encarnizadas que les hicieron bastante daño. «Es cierto», concede Zabala. «Como nos producía Nacho Cano, quien por cierto siempre se portó genial con nosotros, se insinuaba que éramos un producto ideado por él. Nuestro otro productor, Rafa Abitbol, trabajaba en Radio3 y en esa época los DJs de las radios eran 'prima donnas'. Ya sabes, Ordovás, etc... Y lo eran porque todo el mundo les hacía la pelota. Ellos daban la bendición que diferenciaba lo que era bueno de lo que no. Como Abitbol estaba enfrentado con otros DJs, nos acusaron de ser un prefabricado y de tener enchufe. Pero el día que nos presentamos a la prensa en la sala El Sol tocamos en directo y callamos muchas bocas».La crisis de los noventaTras cuatro años de trabajo incesante con el lanzamiento de los tres discos de los que se han extraído los temas de la recopilación que se publica este viernes, 1987 marcó el final de la primera etapa de La Unión por dos cambios de peso. El primero fue que Cano y Abitbol dejaron de ser sus productores, y el segundo llegó con la marcha de Zabala para convertirse en director artístico de Warner . «Con lo cual seguimos trabajando juntos, aunque de otra manera», apunta. «Yo nunca me había sentido músico profesional, habíamos empezado como un juego amateur de los años de universidad y pensaba que si La Unión se acababa, nadie me contrataría como teclista. Además, veía que en el ambiente en la banda se estaba poniendo raro. Ya había demasiada droga».«Para mí su marcha fue muy decepcionante», sentencia Rafa. «Sobre todo porque hubo un tiempo en el que intentó compaginar el grupo con un restaurante que montó al lado del Congreso de los Diputados, el Sukalde, que le robaba muchísimo tiempo. Llegó un punto en el que le dijimos: «Íñigo, tienes que decidir, o una cosa o la otra». Y bueno, yo creo que se equivocó. Entre otras cosas porque el restaurante terminó cerrando un par de años después y casi acaba con su salud».La Unión se mantuvo bien en los primeros noventa, pero en la segunda mitad de la década el panorama pop cambió radicalmente y se quedaron en tierra de nadie. «Todavía vendían bastante, pero dejaron de ser influyentes . Y a la vista está que hoy en día, casi todo le mundo cita las canciones de esta recopilación cuando se les pregunta por La Unión», opina Zabala. Es cierto, como señala Rafa, que en 2002 lanzaron «un hitazo» que los puso de nuevo en el candelero como fue 'Vuelve el amor', pero desde ahí ya no dieron grandes meneos al mercado y empezaron a conducir su carrera mirando más por el retrovisor que hacia delante. Y así, te la acabas pegando.En 2022 murió el guitarrista Mario Martínez -según Zabala «el mejor instrumentista del grupo con diferencia»-, después de presenciar el triste desenlace de La Unión dos años antes, cuando Rafa Sánchez decidió poner fin al proyecto en contra de los deseos de Luis Bolín, que siguió actuando bajo el nombre de la banda y según nos revela Zabala, «se quedó con las contraseñas de las cuentas de las plataformas digitales, y no solo eso, siguió editando discos como La Unión cantando él, lo cual me parece una falta de respeto a todos nosotros». «Además, es que al cantar no lo hace bien», apostilla Rafa sin ocultar su desazón. «Lo que ha hecho es una equivocación sobre todo por seguir sacando canciones nuevas con el nombre de La Unión. Si quiere seguir dando conciertos, que lo haga. Pero ampliar así la discografía, es algo que no está bien».Bolín desató una guerra mediática contra Rafa antes de llevar el asunto a los tribunales. Y ganó, pues en 2025 la Audiencia Provincial de Madrid le dio la razón ordenando la cotitularidad de la marca que había sido registrada por Rafa Sánchez. Desde entonces, el cantante original mantiene con rotundidad que es «absolutamente imposible que algún día haya una reunión, mucho más imposible que la de los Gallagher».MÁS INFORMACIÓN Opinión Guerra en La Unión: el bajista acusa al cantante de apropiarse del grupo, y dice que no se separanComo el final ha sido bastante desolador, es mejor regodearse en los inicios de esta banda histórica de nuestro pop pinchando el vinilo que hoy llega a las tiendas de discos, que además de 'Lobo Hombre en París' incluye 'Sildavia', 'Cabaret', 'La Niebla', 'Altos y frondosos', 'Entre flores raras', 'La máquina del tiempo', 'De aquí allá', 'Amor fugaz', '¿Dónde estábais? y 'Mari Luz'. Casi nada. «Para los coleccionistas es una joya», concluye Rafa. «Es que vaya repertorio, fue increíble lo que hicimos», suspira Zabala antes de despedirse con una pregunta: «Esto amerita un volumen dos, ¿no crees?».