Esta es la selección que han hecho los críticos de ABC de los últimos discos que se han publicado. Los Enemigos 'Canciones chulas'(7,8/10) «Este disco está cargado de ironías, símbolos y dobles sentidos» Discográfica: Mushroom Pillow Por Luigi Gómez Josele Santiago dice, orgulloso, que disfruta del privilegio de ser malentendido. El malentendido solo se puede dar si lo que se observa no es evidente, burdo, vulgar, en las narices, vamos. Y ahí, no es donde vas a encontrar a Los Enemigos, una banda que es en la grieta y el recoveco donde brilla más. Este disco está cargado de ironías, símbolos y dobles sentidos. El que necesite un mapa con instrucciones que lo busque dentro. Calienta el estómago porque no te lo terminas con la primera cucharada. Está lleno, llenito. Que nadie se vaya a confundir, las herramientas siguen siendo las mismas: dos guitarras, un bajo y una batería, pero se percibe a simple vista un detenimiento especial en el matiz, en el pormenor, en la finura. Ruega, a gritos, ser disfrutado con más atención. De a poquitos. En su interior, conviven conjuras enigmáticas: «Don Presente es Tintín, don pasado Tarzán, el futuro es un disfraz de barbaridad», con empeños más inmediatos y de estribillos mesopotámicos como el de 'En alguna realidad'. Las melodías, siempre ingeniosas, son reforzadas armónicamente y en tiempo real, a golpe de acorde inesperado. Aquí, alguien se ha parado a componer. Por otro lado, la producción se ha refinado; ¡que Hendrix nos libre, tal vez hasta 'poperizado'! Pero que ningún fan se preocupe, la ajada voz de su cantante conserva cada ápice de la autenticidad que hace de esta banda un mito oscuro y callejero. Josele incluso encuentra el tiempo para cambiar de opinión, dialogar con su yo del pasado y gritarle al tipo del jergón que no, que se equivocaba… que en la prisión no se está tan mal: «mi paseito por el patio, mi duchita matinal, mi gusanito en los garbanzos. Yo me vuelvo al penal». En definitiva, cumple lo que promete: canciones chulas y un poquito más. Arde Bogotá 'Manufacturas del Club de la Gente Sola'(8/10) «El álbum es una fábrica de temas canallas y sólidos, con esa sombra de Bunbury y cierto aire Britpop» Discográfica: Sony Por María Carbajo Después de conquistar festivales y arenas y convertir la A3 en territorio propio, Arde Bogotá afrontan el siempre comprometido tercer disco (¡en cinco años!) en la cresta de la ola. Y vamos con todo desde el principio: se han coronado. El álbum es una fábrica de temas canallas y sólidos, con esa sombra de Bunbury y cierto aire Britpop moderno que nunca les abandona, pero cuyo resultado les convierte sin ninguna duda en el estandarte mediático más firme de la escena rock actual. Guitarras, alguna licencia fuera de la zona de confort con vientos y la fórmula de siempre pero con más madurez. Nada puede salir mal. 'Instrucciones' abre fuego con el nervio habitual, 'Antifiesta' convierte el desamor en una celebración para inconsolables y 'El Tesoro' incorpora ecos de su tierra sin caer en el folclorismo de postal. 'Señor Herrero' es otra de las pistas que lo tiene todo para quedarse: su estructura, su historia, sus distorsiones en la ejecución de una melodía redonda. Las letras, como viene siendo habitual, son a veces retorcidas hasta lo artificial, pero se agradece su complejidad y su peso en el conjunto de los temas. La producción pule las aristas sin borrar las huellas dactilares del cuarteto cartagenero, mientras Antonio García continúa jugando en otra liga, la de los vocalistas capaces de hacer épica hasta de una lista de la compra. Hay espacio para la introspección y algún experimento, pero ninguna revolución impostada. Arde Bogotá han madurado sin ponerse aburridos, evolucionando su fórmula del exitazo sin ponerse especialitos ni rompiendo con todo lo que les hizo grandes (Hola, Alex Turner). Existen muchas reticencias en parte del público tradicional rockero a la hora de abrirse a las nuevas bandas: quítense los prejuicios porque estamos ante uno de los discos del año y merece, como poco, respeto y una escucha. Repetirán.Sr. Chinarro 'Las fuerzas y los cuerpos'(7,9/10) «Va el tío y cierra el disco cantando el himno de España, con su retranca habitual, sobre unos acordes bonitos de pop» Discográfica: Eclipse Melodies Por Israel VianaVa el tío y cierra el disco con un ‘Minuto de silencio’ cantando el himno de España, con su retranca habitual, sobre unos acordes bonitos marca de la casa que bien podrían convertirse en la melodía oficial. “La-la, la-la, lalala la lalala”, tararea como si estuviera celebrando el Mundial de fútbol en un bar de los de siempre, de los de palillo en la boca y coñac en la mano, que están en peligro de extinción. Todo casa a la perfección, patriotismo pop –más divertido que el patriotismo a secas–, mientras lamenta la muerte de Jorge Martínez y “el de Extremoduro”, entre otras desdichas. Es el final de este ‘Las fuerzas y los cuerpos’ (Eclipse Melodies) con el que Antonio Luque sigue dando rienda suelta a su incontinencia creativa. Es el segundo disco que publica este año —además de un epé de versiones del malogrado genio David Berman (Silver Jews, Purple Mountains)—, con el que sostiene el listón a la altura habitual. El Sr. Chinarro haciendo las cosas bonitas del Sr. Chinarro, ni mejores ni peores, lo que es una buena noticia después de más de veinte años de carrera, tropecientos discos y el respeto intacto. Esta guapura general tiene varios momentos excelsos, como ‘El burro de la plaza de España’, que nos acerca a los oscuros y gloriosos años de ‘Papá Matemáticas’, ‘Quiromántico’ y ‘Un burro volando’; las guitarras y el bajo “robados” a The Cure en ‘El viaje que puede esperar’, el estribillo luminoso de ‘La reina de África’, la tristeza de ‘Las perdices’ mientras canta sobre «la Desbandá al ritmo de los disparos», el riff de ‘En pompas’ acompañado por la voz de Sandra Rubio… En fin, todo sigue en orden en el Planeta Chinarro. Tradición. “La-la, la-la, lalala la lalala”. Fat Dog 'Cancel Me (I'm Tired)' (8/10) «Tienen más registros de lo que pensábamos, y lo entregan con sinceridad, que es lo único que se le debe pedir a un punki» Discográfica: Domino Por Juan Roig ValorYa sea el 'stiff upper lip', los cielos encapotados o los litros de té tibio que habrán bebido, nadie hace punk como los ingleses. Los londinenses Fat Dog, una banda que surgió de los confinamientos del Covid, reventaron los escenarios en cuanto les dejaron salir, granjeándose la reputación de una de las actuaciones más animadas del reciente revival y actualización que está teniendo el post punk últimamente. Esto ha hecho que sus conciertos se agoten inmediatamente (prueben a ver si consiguen entradas para el 15 de octubre en la sala Galileo de Madrid) y que grupos como Viagra Boys (uno de mis favoritos personales) los elijan como teloneros. Sin embargo, su segundo disco 'Cancel Me (I'm tired)' no es solo caña por caña, sino una evolución —a mejor— de su debut, 'Woof'. Por supuesto que el alto octanaje y las frases provocadoras permanecen, pero ¿acaso son eso guitarras acústicas lo que oigo? Joe Love y su jauría muestran que tienen más registros de lo que pensábamos, y lo entregan con sinceridad, que es lo único que se le debe pedir a un punki.