Liu, la esclava secretamente enamorada del príncipe Calaf, ha muerto tras cantar su frase final: «...Per non vederlo piu!» La orquesta prosigue pero se ahoga dos compases después. Arturo Toscanini , que dirige la función, toma del atril la partitura, se vuelve y se la muestra al público. «Aquí termina la obra -dice solemnemente-, porque en este punto el maestro murió». «El teatro entero quedó suspendido en un silencio profundo, como si la obra hubiese encontrado allí su límite natural», relató Gaetano Cesari en el 'Corriere della sera' al día siguiente. « Viva Puccini! », gritó un espectador y todo el teatro le secundó en medio de aplausos emocionados. Aquella noche, la del 25 de abril de 1926 (hoy hace cien años), la Scala de Milán vivió una de las noches más importantes de su historia, con el estreno de ' Turandot ', la ópera póstuma de Giacomo Puccini , que había muerto apenas año y medio antes, el 29 de noviembre de 1924, por un cáncer de garganta. El reparto de aquella primera noche lo encabezaban Rosa Raisa, María Zamboni, Giulio Cirino y el tenor aragonés Miguel Fleta , que interpretaba a Calaf. Ese día la ópera se ofreció inconclusa, pero en las representaciones posteriores se hizo con el final que escribió Franco Alfano , discípulo de Puccini, con los apuntes que había dejado el compositor.La Scala de Milán recuerda estos días el centenario de ' Turandot ' -curiosamente, el 25 de abril es la Fiesta de la Liberación del fascismo y no se pueden ofrecer funciones en la Scala- con la puesta en escena de una producción dirigida escénicamente por David Livermore y musicalmente por Nicola Luisotti . «Puccini fue el último gran compositor de ópera del siglo XX -dijo a ABC-. Detrás de él se cerró una puerta enorme… En la ópera, el último título del gran repertorio que sigue vigente en nuestros días es 'Turandot'. ¿Quién se acuerda hoy de óperas como 'El asesino en la catedral', de Pizzetti, o de las obras de Alfredo Casella o Giuseppe Martucci? Sí, están las óperas de Korngold o Kurt Weill. Pero la gran ópera lírica despareció en 1924, con la muerte de Puccini».Noticia relacionada No No Cien años sin Puccini: casi una treintena de ciudades recordarán al músico en su aniversario Julio BravoLe secunda su compatriota, el también director de orquesta Marco Armilliato : «'Turandot' marca un punto de inflexión. No solo se trata de la última ópera de Puccini, sino que con esta obra concluyó un gran capítulo de la ópera italiana en sí misma: comenzó una nueva era, y la ópera como forma y género pasó a ser concebida de manera diferente por muchos a partir de entonces». Giacomo Puccini (1858-1924), el autor de títulos tan destacados como 'Tosca', 'Madama Butterfly' o 'La bohème', empezó a trabajar en 'Turandot' en 1920 con los libretistas Giuseppe Adami y Renato Simoni . El punto de partida fue una obra escrita en 1732 por Carlo Gozzi, y que recogía una historia contada por Nezamí Ganyaví, uno de los grandes poetas épicos de la literatura persa: 'Las siete bellezas o Las siete princesas'. En la ópera, la princesa Turandot -que desea vengar a una antepasado suya violada y asesinada-, condena a muerte a todo pretendiente, siempre un príncipe, que sea incapaz de resolver tres enigmas. El príncipe Calaf, cuyo nombre nadie conoce, supera la prueba y ante la resistencia de Turandot a casarse con él, le propone un reto: si adivina su nombre antes del amanecer, dejará que lo ejecute.El compositor de Lucca pasó los tres años siguientes componiendo la obra y luchando contra un final que se le resistía. A finales de 1923 o principios de 1924 le diagnosticaron un cáncer de garganta y viajó a Bruselas para someterse a un tratamiento de radiología; allí murió el 29 de septiembre. Puccini dejó varias páginas con esbozos para la conclusión de la ópera y, ante su previsible fallecimiento, dejó al compositor Riccardo Zandonai instrucciones precisas sobre cómo debía continuar la ópera. Sin embargo, y al parecer por exigencia de su hijo Tonio, la tarea de terminar 'Turandot' se le encargó a Franco Alfano . También Luciano Berio (en 2001) y Hao Weiya (2008) elaboraron finales alternativos. La popularidad de 'Turandot' tiene mucho que ver con la notoriedad que ha alcanzado -especialmente tras el fenómeno de los Tres Tenores- el aria del tercer acto de su protagonista masculino, 'Nessun Dorma' ('Nadie duerma'): «Es un aria que lo tiene todo: misterio, lirismo y triunfo. Cuando funciona, el público deja de respirar», decía Luciano Pavarotti, cuya interpretación del fragmento es archiconocida, aunque el de Calaf no fuera un papel adecuado para su voz. Pero la ópera tiene mucho más. «No es una ópera sin final, sino una obra maestra interminable», la define Plácido Domingo. Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, dice que en esta obra «Puccini decidió reinventar completamente su propio código estético. 'Turandot' es una obra en las antípodas de aquella dramaturgia realista y conmovedora que, hasta ese momento, había sido su sello de identidad. La obra tiene la rigidez coral propia del oratorio, la estructura dramática de un misterio pagano, de un fresco ceremonioso vasto e inmóvil, de un universo cerrado, puramente legendario, extraño a cualquier lectura ajena a la metáfora, plenamente adscrita a la estética simbolista». El director de orquesta italiano Riccardo Muti ha hablado de una «ópera llena de sombras», mientras que el alemán Herbert von Karajan se refirió a 'Turandot' «un poema sinfónico con voces».'Turandot', en la producción de Robert Wilson para el Teatro Real (2023), Luciano Pavarotti y Montserrat Caballé como Calaf y Turandot; y Plácido Domingo en la Arena de Verona Javier del Real / ABCNicola Luisotti asegura que «la muerte de Liu no es coherente con la historia; toda la obra es simbólica, pero Liu no, ella es real, y nos enamora por cómo canta y por lo que dice. Su sacrificio no es simbólico; es verdadero. La muerte de Liu cambia el estilo de la ópera, porque Puccini no podía avanzar. Para mí, la ópera debe terminar con la muerte de Liu. Sería muy interesante cambiar el final: que Calaf no revele su nombre a Turandot, sino que se lo diga al pueblo, expulse a Turandot y a su padre, Altoum, de China, por su mal gobierno y su crueldad».El director sostiene que Puccini quiso, con 'Turandot', «escribir un testamento para morir en paz; el episodio del suicidio de su criada Doria Manfredi le causó muchísimo sufrimiento; era una joven de 23 años que trabajaba como empleada en casa del compositor, y a la que la mujer despidió porque aseguraba que se acostaba con su marido; la joven se suicidó la autopsia demostró después que Doria murió virgen. Puccini tenía la necesidad de contarle al mundo su situación y no podía hacerlo de otra manera que con música».Cien años después de su estreno, 'Turandot' continúa siendo una de las óperas más representadas (está alrededor del puesto 15-17, según Operabase). «La magia de Puccini, su genio -concluye Marco Armiliato -, es que siempre apunta al corazón y siempre exige una reacción del público; siempre son las emociones las que lo mueven a él y a nosotros. No es de extrañar, ya que él mismo era una persona tan emocional y un carácter tan fuerte, que también volcaba sus sentimientos en su música: no es más que un espejo de su vida».