El Festival de Peralada ha iniciado la temporada de su cuadragésimo aniversario con un concierto de la soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim y una cena-espectáculo dedicada a rememorar los grandes momentos de la historia del certamen y reivindicar un futuro que en algún momento de los últimos años se vislumbraba incierto. Un arranque peculiar en muchos sentidos, pero que es bienvenido si sirve para despejar las dudas generadas por las obras del nuevo auditorio al aire libre.Clásica Jaho y Bernheim en Peralada Música: Puccini, Verdi, Gounod, Massenet y Dvorak, entre otros. Intérpretes: E. Jaho, B. Bernheim, M. Madrigal (día 17); X. Sabata, M. Seró, M. Milhofer, D. Espasa (día 18). Fecha: 17 y 18 de julio. Lugar: Peralada.Empecemos por desgranar ese recital inaugural protagonizado por dos voces bien conocidas y apreciadas por el público del Festival. Desde que debutó en 2017, Ermonela Jaho se ha convertido en una habitual de la programación de Peralada, y esta vez se presentó acompañada de su buen amigo y tenor de carrera ascendente Benjamin Bernheim. Ambos propusieron una primera parte centrada en el repertorio italiano de Cilea, Puccini, Verdi y Leoncavallo , y una segunda dedicada a Francia, con Gounod y Massenet . Jaho abrió la velada con 'Non ti voglio amar', 'Lontananza' e 'Io son l'umile ancella' de Cilea. Si bien en las dos primeras un vibrato más que generoso causó un punto desconcierto, en la tercera la cantante pareció hallar su centro para empezar a lucir sin ambajes la bella voz a la que nos tiene acostumbrados y esa teatralidad que la acompaña aunque no esté en una función de ópera escenificada. Con 'Stridono lassú' de 'Pagliacci' y, sobre todo, con 'Chi il bel sogno di Doretta' de su querida ópera 'La rondine' de Puccini, se metió al público en el bolsillo definitivamente. Remató en la segunda parte con 'Adieu, notre petite table' de la 'Manon' de Massenet. Su voz va evolucionando, como es natural, hacia un registro medio. Aun así, la técnica que soporta su canto le permite abordar (y bordar) los agudos con absoluta consistencia.Era difícil lograrlo, pero Benjamin Bernheim no permitió que la soprano fuera la absoluta protagonista de la velada. El francés es un tenor que va al alza , y que está en un momento magnífico en el vocal. Lo demostró desde el inicio, con un 'E lucevan le stelle' trufado de matices y espectáculo en el buen sentido de la palabra. Alejado de la teatralidad de Jaho, es algo más frío sobre el escenario pero, aun así, con personalidades contrastadas, la fórmula les funciona a la perfección. Fue sobre todo en la segunda parte cuando se lució con el repertorio que mejor domina: un impresionante 'Ah! Lève-toi, soleil' de Gounod y un no menos memorable 'Pourquoi me réveiller' de Massenet. Los duos con que cerraron cada parte del programa ('Bevo al tuo fresco sorriso' y 'Ah, fuyez douce image') hicieron que los asistentes se quedaran con ganas de escuchar más piezas cantadas por la pareja junta.Mención aparte merece el pianista Marco Madrigal , que derrochó maestría en las obras que tocó a solo, pero no acabó de convencer como acompañante de cantantes: pedal excesivo y fraseo no siempre acorde con las respiraciones de los solistas empañaron su actuación. Para sorpresa del público, el concierto se cerró sin ninguna propina, no se sabe si por el calor, porque la acústica de la sala causó cierto malestar a Jaho (que cantó parte del recital con tapones en los oídos) o por alguna razón.Al día siguiente, una cena conmemoró los cuarenta años del festival con Rossy de Palma como maestra de ceremonias. Cantando estuvieron el contratenor Xavier Sabata , de sólida trayectoria y estrecha vinculación con el Festival, y la soprano Montserrat Seró , valor al alza a quien acabamos de escuchar en el ciclo Ópera Catalunya una Violetta de 'La Traviata' impecable y que augura muchas alegrías en el futuro. Se les unió el tenor Mark Milhofer y el bailarín Botis Seva , acompañados al piano por Dani Espasa . Bajo la dirección de Joan Antón Rechi , la gala mantuvo en todo momento el ritmo y la emoción de la nostalgia, pero también miró al futuro. La ausencia por motivos de salud de la anfitriona Isabel Suqué Mateu nos brindó la oportunidad de escuchar a una representante de la nueva generación de la familia, Júlia Reger Suqué , tomar la palabra en nombre de su madre para augurar un futuro lleno de cultura al Festival . Un discurso breve que podría haber pasado desapercibido si no fuera porque en los últimos años ha habido alguna incertidumbre respecto a la continuidad del certamen. En 2023 se demolió el antiguo auditorio al aire libre y se anunció la construcción de uno nuevo en un plazo que, a decir verdad, nadie llegó a creer: poco más de un año. Llegados a 2026, modificaciones del proyecto y avatares diversos han hecho que la nueva construcción ni siquiera se haya empezado. De ahí que estos años la programación de Peralada haya sido de un formato más reducido de lo habitual. La intervención de Júlia Reger, afortunadamente, dejó poco margen al pesimismo. Al parecer, hay Festival de Peralada para rato.