Escuchando

Con Iván Ferreiro la vida transcurre mientras estábamos en nuestra trinchera pop

Una balada desarma, entre melancolía y arrebato pasional. 'Mi Coco' sirvió como colofón a un concierto en el que Iván Ferreiro explicó su trayectoria en un pequeño cosmos en el que todas las piezas encajan por azar, y con el beneplácito de un público entregado a la causa en un Movistar Arena casi repleto .Todo había empezado una hora y media antes, con una mini intro de 'Fariña', la canción que Iván Ferreiro compuso para la serie de TV basada en el ensayo periodístico de Nacho Carretero. Excusa para romper el hielo y presagiar una noche antológica del pop español. En esta gira el gallego resume 35 años de carrera musical: los tiempos de su banda Los Piratas intercalados con su carrera en solitario. A mi lado en la grada lateral, Carla, la madre de Ricky Faulkner, se presenta, y me recuerda que todos venimos de un sitio concreto, y que la música sucede por algo ¿Será para sobrevivir?Iván se aferra a su propia Fe, o al hierro, al elemento poderoso, o al logo que luce en su sudadera y en su camiseta. Ferreiro entregado en primera fila como línea de fuego, al acecho de sus canciones. Un telón luminoso ilumina la mirada hacia el recuerdo con la descarga rockera de 'Hoy por ayer'. 'Muertos' alumbra el legado épico de Los Piratas, aquella banda que aupó el pop-rock español hasta otro lugar. El arrebato en directo es total , con una audiencia entregada.El público corea 'Casa' tratando de habitar «la zozobra de mi corazón», y nos cautiva una magia particular que recuerda a los Love of Lesbian de 'Allí dónde solíamos gritar', pero con una lírica propia.La ignición del amorBaja la cadencia para atacar 'Inerte', en un impulso que pretende descubrir el universo. Y acto seguido 'M' nos muestra la ignición del amor: «estaré bien si tú te encuentras a mi lado». Saltan las brasas de un incendio interior, «aún seguimos siendo dos (…) yo tocaba fondo y me dormía en la cocina». Destellos de los años 90, Los Piratas fueron una fogata en la escena española que estaba por reinventarse.Le acompaña en segundo fila un sexteto de órdago, su hermano Amaro y Emilio Saiz (hijo de Suso Saiz), a las guitarras; Pablo Novoa (¡Vivan Golpes Bajos!); Ricky Faulkner (Amunt Standstill!) al bajo; Sergio M. Puga a la acústica, teclados o lo que haga falta, y Xavi Molero a la batería.Dos pantallas nos muestran la alquimia de una banda que fluye como un artefacto en ebullición , en completa armonía. 'Extrema pobreza' muestra su versión más beatlemaníaca, porque «este amor no se apaga». Todo prosigue en el recelo de «echar de menos» aquello por lo que luchamos, pero sin disolverse, sin difuminarse, sorteando aquellos lugares donde 'El equilibrio es imposible'. No hay motivo para que Ferreiro quiera 'Reiniciar' su momento entre destellos electrónicos, se intercalan con la latencia de 'Jugar con los coches' y los demonios de la noche de 'Fecha caducada'. 'Ciudadano A' interpela a la incógnita de la pertenencia. Con 'El pensamiento circular', reconoce que «hay veces que pienso en ti», y remata una primera parte robusta.Plano secuencia repleto de verdadPara un segundo tiempo aparece Leiva, para algarabía general, y pese a algún arranque en falso versionan en acústico 'Breaking Bad' del madrileño, y unas 'Promesas que no valen nada' mezclada con un 'Insurrección' de El Último de la Fila. Todo sucede como si fuera un plano secuencia repleto de verdad. Es el poder de la Fe .Con su hermano Amaro, Iván, emerge 'SPNB' como si fuera un mantra vital (¿o una muñeira pop?) y la vida circula hasta que explota delante 'Mi matadero clandestino'. Creíamos haber envejecido pero la velocidad acompaña. Como lo hace 'El Viaje de Chihiro' con un guiño al gran Miyazaki.El sonido es resultón, con empaque. Esto en un recinto no tan inmenso, un auditorio, sería aún más divino. Pero todo el mundo tiene derecho a llenar un Palacio de los Deportes. Y más los clásicos de nuestra escena. Hablando de esos pilares nacionales, el coruñés Xoel López aparece en 'Diecinueve' que se entrelaza con un 'Turnedo' apoteósico. Llega el cierre con 'Mi Coco', que nos irradia energía juvenil, como si la vida hubiera transcurrido en un soplo. El tiempo pasa sin darnos cuentas, y Ferreiro nos ha conquistado, así como si nada.