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Las bandas sonoras de los videojuegos ya llenan los templos de la música clásica

En 2013, un joven estadounidense de poco más de veinte años abrió una campaña de financiación colectiva para un juego de rol que pensaba hacer prácticamente solo. Pedía cinco mil dólares. Se llamaba Toby Fox, no tenía estudio ni editor, y lo que enseñaba era poco más que una idea, unas capturas de pantalla toscas y unos cuantos fragmentos de música. Era, antes que programador o guionista, compositor. Había escrito para el webcómic 'Homestuck' y para una adaptación no oficial del videojuego 'EarthBound', y ese oficio era lo que sostenía el proyecto: cada personaje tenía su tema, y cada tema, una manera de reaparecer más adelante con otra armonía o con otro tempo.Recapituló diez veces más de lo pedido y 'Undertale' llegó en 2015 haciendo historia por poder completarse sin matar a nadie. Su austera estética y sus humildes sintetizadores convirtieron el mensaje de sus puntos de control —que aquello te llenaba de «determinación»— en el lema de una comunidad y en el título de una gira que, once años después, agota entradas en salas sinfónicas de todo el mundo. 'Undertale: The Determination Symphony' se anunció en marzo de 2026 dentro de las celebraciones del décimo aniversario del juego. Es una producción de Lambert Jackson Productions con Materia Music, con arreglos del orquestador británico Adam Hoskins, y la gira 2026/27 la produce SOHO Live, el equipo que ya organizó los conciertos de 'Stardew Valley'. La formación es una orquesta de veinticinco músicos, con imágenes del juego proyectadas sobre el escenario.Undertale: The Determination Symphony LAMBERT JACKSON PRODUCTIONSEspaña no quedará al margen de este circuito internacional. La gira aterrizará en el país a comienzos de 2027 con tres funciones confirmadas: el 16 de febrero en la sala Paral·lel 62 de Barcelona y los días 17 y 18 de febrero en The Music Station Príncipe Pío de Madrid. La elección de estos recintos, vinculados a la música en directo de formato medio, enmarca el repertorio dentro del circuito comercial sinfónico sin necesidad de recurrir a los auditorios tradicionales del canon clásico. Los conciertos de bandas sonoras no son una novedad en la industria, pero todos los proyectos han sido superproducciones respaldadas por multinacionales y sagas de gran presupuesto. La diferencia con 'Undertale' es que hoy es un juego independiente, creado por una sola persona y sin gran industria detrás, el que logra llenar auditorios por todo el mundo. Pero esos proyectos se apoyaban en franquicias con décadas de historia y grandes estudios detrás. Fueron, además, una novedad que muchas orquestas toleraban como concesión para atraer público joven.  Antes de que se apagaran las lucesHabía disfraces, como era previsible, pero lo más frecuente era lo discreto: un pin en la solapa, una muñequera con el corazón rojo, una mirada de reconocimiento entre desconocidos en las escaleras. En el vestíbulo, poco antes de empezar, un chico de unos catorce años sostenía una camiseta que acababa de comprar. La recorría con el pulgar sin sacarla del todo y no se la enseñó a nadie. Cuando levantó la vista un momento, estaba sumergido en esa calidez tan propia de 'Undertale', título que ha cimentado su fama global precisamente por la capacidad de evocar emociones profundamente positivas y conectar a su comunidad desde la empatía.El concierto funciona como un breve recorrido por el videojuego. Sobre la orquesta, una gran pantalla muestra escenas que siguen el trayecto del humano desde su caída por el Monte Ebott hasta el tramo final. La orquesta acompaña ese viaje y pone la música a un recorrido que el público conoce de memoria. Cuando suenan los primeros compases de un tema, la sala responde con un murmullo de reconocimiento antes de que haya aplausos.'Undertale: The Determination Symphony' LAMBERT JACKSON PRODUCTIONSLa orquesta es buena. Las cuerdas sostienen con limpieza los pasajes líricos, los metales dan un empuje que el sonido sintético original solo insinuaba y hay un equilibrio de planos bien cuidado. Para quien llega desde la música clásica, lo interesante es comprobar cómo resisten las melodías de Fox la traducción. Su escritura, de perfiles claros, ritmos marcados y armonías que a veces se acercan a lo modal, se deja orquestar con naturalidad, y la técnica que sostiene toda la banda sonora, la del 'leitmotiv', sobrevive intacta: temas breves que reaparecen transformados según el momento, como 'Once upon a time', que regresa ya crecido hacia el final del juego. Hay, con todo, una salvedad que no conviene callar. En algunas canciones, sobre todo las de textura más electrónica, el teclado hace la mayor parte del trabajo y la orquesta queda en segundo plano. No es un fallo de ejecución sino de aprovechamiento: da la impresión de que hay veinticinco músicos con más que aportar de lo que la partitura les concede. La razón se entiende, porque algunos timbres originales son tan característicos que sustituirlos por instrumentos acústicos podría traicionar la identidad de la pieza, pero la tensión entre fidelidad al sonido de origen y ambición sinfónica queda sin resolver del todo. Aun así, el conjunto sale bien parado: el teclado se integra sin estridencias, los arreglos disimulan las costuras y la emoción llega.Poco a poco, con pasos agigantadosEs fácil atribuir estos fenómenos a la nostalgia, y es una explicación demasiado cómoda. La nostalgia supone un pasado cerrado, y lo que se vio en Róterdam se parece más a una comunidad que sigue dando sentido a una obra que ya no pertenece solo a su autor. La banda sonora de 'Undertale' funciona porque nació de la intimidad de una sola persona, y esta es lo que la hace resistir en un auditorio de miles de personas. Hay aquí una paradoja: una música concebida para la soledad del jugador que ahora se escucha en compañía.Es pronto para saber si estas giras sobrevivirán a la fecha redonda del aniversario, y la dependencia de un puñado de títulos muy queridos puede convertirse en techo. Pero la tendencia está a la vista: giras largas, fechas que se agotan, público de varias generaciones. La de 'The Determination Symphony' apunta a una descentralización del prestigio cultural, y la relevancia de una obra se mide ya menos por el tamaño de quien la produce que por la permanencia de su catálogo y la fidelidad de su audiencia. Durante décadas, la música de videojuegos fue un subproducto funcional, algo que acompañaba la acción sin ser escuchado. Hoy llena teatros y obliga a las orquestas a repensar su repertorio y su público.