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Thomas Dunford y Lea Desandre, los reyes del Barroco que aprendieron a improvisar con Bach gracias al jazz

Hay quienes llegan a la cima del Barroco a base de estudio, codos y una técnica depurada. Otros lo hacen dejándose llevar por la intuición o la curiosidad. Y luego está Thomas Dunford, que suma a todo lo anterior el jazz. El laudista francés no entiende la música como un territorio dividido en compartimentos estancos, sino como un espacio en el que Bach puede convivir con los Beatles, la improvisación con la partitura y el rigor histórico con el puro placer de jugar. «Ambos géneros están mucho más cerca de lo que la gente imagina . La improvisación está en el corazón de ambos. La principal diferencia está en el lenguaje y el vocabulario. Un músico de jazz y uno barroco pueden hablar lenguajes musicales diferentes, pero el acto de escuchar, reaccionar, asumir riesgos y crear algo en el momento es muy parecido», confiesa Dunford a ABC. El artista llega a España junto a la mezzosoprano Lea Desandre para inaugurar la cuarta edición de Músicas Cercadas, en Zamora, con ' Idylle' , un viaje por tres siglos de canciones francesas en torno al amor. La pareja artística aprovechará también su paso por el país para actuar en otras ciudades, entre ellas Madrid, Barcelona y Valencia.'Idylle' es un viaje por tres siglos de canciones francesas de amor, desde la música barroca hasta artistas como Barbara o Françoise Hardy. A través de la voz de Lea Desandre y el laúd de Thomas Dunford, el programa conecta épocas y estilos muy distintos para explorar qué ha cambiado y qué permanece en nuestra manera de cantar al amor. Todos los descubrimientos de este proceso de creación del programa se resumen en uno: «Cuando escuchamos una canción de amor que se escribió hace 300 años, es el amor en sí mismo. Aunque la sociedad evolucione y cambie, el amor es el mismo. Siempre es tan doloroso o tan hermoso como lo era hace 300 años, igual que hoy», explica Desandre.Lea Desandre y Thomas Dunford se han convertido en dos de los nombres más destacados de una generación que está sacudiendo la imagen de la música barroca: la abordan con rigor, sí, pero también con una frescura que la aleja de cualquier vitrina. Ella, una mezzosoprano capaz de saltar del repertorio antiguo a Mozart; él, un laudista al que la pasión por el jazz y la improvisación le ha valido el apodo de 'el Eric Clapton del laúd'. Juntos han pisado escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York o la Philharmonie de París, y en julio de 2026 Dunford llevó a su Ensemble Jupiter a los BBC Proms, donde el público acabó cantando con los músicos una versión de 'Hey Jude'. Para ellos, el Barroco no es una música que haya que contemplar en silencio y con las manos cruzadas: también puede tener ritmo, humor y ganas de jugar. «A la sociedad le gusta poner etiquetas a las cosas, pero la música en sí no tiene etiquetas. Bach, los Beatles o el jazz utilizan lenguajes diferentes, pero todos nacen de la misma necesidad humana de expresar algo a través del sonido. Nunca he entendido muy bien por qué amar un tipo de música debería impedirte sentir una conexión profunda con otro», contaba el laudista, que en el instituto solía llevar su laúd a tocar con sus amigos en festivales de jazz por toda Francia.Lea Desandre y Thomas Dunford son hijos de su tiempo, pero también herederos de una tradición que exige conocimiento, rigor y respeto para que el Barroco siga vivo sin convertirse en una caricatura de sí mismo. Custodiar ese legado no significa, sin embargo, mantenerlo a salvo de cualquier pregunta. Al contrario, se atreven a formularlas, incluso en un mundo donde las convenciones pesan y la frontera entre la fidelidad histórica y la libertad artística puede resultar delicada. «Tenemos que ser más generosos e inclusivos y recordar que esta música no se escribió para especialistas . Si la comunicamos con libertad, emoción y generosidad, no hay ninguna razón por la que no pueda llegar a todo el mundo», contaba el laudista. Son osados, pero no por afán de provocar: cuestionan las normas sin pisotearlas, exploran sus límites sin olvidar de dónde vienen. Entienden que una tradición no se conserva intacta bajo una campana de cristal, sino que necesita artistas dispuestos a dialogar con ella, ponerla a prueba y encontrar nuevas maneras de hacerla respirar. «Hay una generación de músicos cada vez más cómoda moviéndose entre mundos diferentes y cuestionando algunas de las fronteras que se han creado en torno a la música clásica y la música antigua. Creo que eso solo puede hacer que la música sea más rica y esté más viva», añadía.Un lugar privilegiado El ciclo internacional 'Músicas Cercadas' vuelve a Zamora del 23 al 25 de octubre con cuatro conciertos que convertirán la iglesia románica de San Cipriano en una ventana abierta a la música antigua y barroca europea. La cita, que alcanza su cuarta edición, reunirá a artistas y conjuntos de referencia internacional en un recorrido por repertorios que van de las composiciones medievales de Hildegard von Bingen a las cantatas de Bach, pasando por las canciones de amor francesas de distintas épocas. «El ciclo nació con vocación internacional. Los artistas y grupos invitados cuentan con una dilatada trayectoria y reconocida calidad. Queríamos que Zamora pudiera abrir una ventana a Europa y disfrutar de repertorios e intérpretes que están haciendo grandes cosas en las mejores salas y teatros del exterior», explica Alberto Martín, director artístico del ciclo. Pero en 'Músicas Cercadas' no solo importa lo que suena, sino también dónde suena. La iglesia de San Cipriano, con su arquitectura románica y su acústica, es parte esencial de una propuesta que busca que música y espacio encajen como las piezas de un mismo puzle. «Contamos con un lugar extraordinario, con una acústica envidiable, así que tanto los artistas como la música deben estar en sintonía con el entorno. Esto, evidentemente, condiciona la programación, pero es un reto fantástico. Cada concierto es una experiencia sensorial, donde la arquitectura, la música y la interpretación deben funcionar a la perfección», señala Martín.Lea Desandre y Thomas Dunford se conocieron en 2015, en un proyecto del director William Christie, y desde entonces han construido una relación que va mucho más allá de la música: además de cómplices sobre el escenario son pareja. Juntos han grabado discos, girado por medio mundo y explorado repertorios que viajan del Barroco a la canción francesa. Lo curioso es que su fórmula no consiste en estar siempre de acuerdo, sino en escucharse. «Nuestra forma de trabajar juntos no cambia, pero sí que nos involucra más. Tenemos más libertad y nos conocemos tan bien que podemos asumir cada vez más riesgos. Hemos conseguido un bello espacio de libertad y tratamos ahora de mantenerlo vivo y de seguir soñando juntos», reconocía Lea.El amor es tantas veces complejo. Es el mismo ahora y siempre, pero, al mismo tiempo, puede cambiar. Puede dejarte suspendido en el aire infinitamente y, al mismo tiempo, arrastrarte al abismo. Para estos artistas, estos años de trabajo conjunto les han ayudado a conseguir un espacio de libertad que ahora custodian, pero también son conscientes de que el límite es el cielo. «Siempre estamos buscando. En realidad, nunca hay un punto final. Queremos profundizar más en la música que ya interpretamos, descubrir nuevas formas de expresarla y, al mismo tiempo, seguir encontrando música nueva que nos entusiasme y nos sorprenda. Esa curiosidad es lo que mantiene todo vivo».