Al descolgar el teléfono se escucha un ruido de coches pitándose entre sí con muy mala baba, pero Rick Astley saluda tan lozano y jovial que uno casi puede ver el brillo de su tupé serpenteando entre el tráfico londinense como si la cosa no fuera con él, sonriente, feliz de la vida. Tiene motivos: «Ahora mismo estoy dirigiéndome hacia mi sitio favorito, estoy volviendo a casa». Será por poco tiempo, porque el cantante británico que conquistó el mundo para siempre con 'Never gonna give you up' está en una breve parada de su gira 'The Reflection' , un batido de clásicos y nuevas apuestas sonoras que va a servirnos bien fresquito en Starlite Occident Marbella (10 de julio), Plaza de Toros La Condomina (Murcia, 11 de julio), Marina Norte (Valencia, 16), Noches del Botánico (Madrid, 17) y Jardí Botànic de Cap Roig (Calella de Palafrugell, 18).—Es un artista muy querido en muchísimos países, pero ¿diría que la española es una de sus hinchadas más fieles?—¡Totalmente! Tengo fans españoles tan fieles que algunos vienen a verme a conciertos en Inglaterra. Después de tantos años es alucinante, súper especial sentir ese amor. Ellos son especiales, tanto, que tienen su propio apodo, los 'Rick's chickens' (los pollos de Rick) Es como ellos mismos se hacen llamar, no digas que lo he dicho yo (risas). No, en serio, son una hinchada muy especial que necesita su propio repertorio. Hay canciones que canto en España que no suelo cantar en otros lugares. Lo que más me gusta de España es que sabéis cuáles son las cosas importantes de la vida, y las cuidáis.Noticia relacionada No No Las 20 melodías más pegadizas Por qué hay canciones que no puedes quitarte de la cabeza Daniel Méndez—Su último disco 'Are we there yet?' y su nuevo single 'Raindrops' van en una onda soul-rock con mucha fuerza. ¿Le apetece seguir la racha?—Sí, tengo otro par de temas nuevos y la posibilidad de grabar un nuevo álbum está en el aire, pero ahora voy concentrarme todo el verano en los conciertos y, tranquilos, que sé que lo que queréis escuchar no es lo nuevo sino lo viejo. La gente va a mis conciertos a cantar los clásicos conmigo, especialmente en España. Además, ahora es muy difícil hacer un clásico porque hay tanta cantidad de música que todo dura muy poco, ¡sale una canción cada cinco minutos! El mundo de hoy va a toda leche y la música no es una excepción.—Otros artistas quizá tengan más 'followers' o más 'streams', pero su nivel de 'iconicidad' es gigantesco. —(Risas) Yo intento no verme así. Admitámoslo, 'Never gonna give you up' fue un pequeño monstruo fuera de mi control. Es mi canción, es parte de mí, pero también es ya un pequeño fragmento del cosmos. Piensa en 'Take on me' de A-ha, por ejemplo. Es muchíiiisimo más grande que cualquier otra de sus canciones, es la canción con la que todo el mundo los asocia. La mía quizá no sea tan grande, pero es un caso similar. Lo increíble es que la descubriera una nueva generación de gente joven. Eso es una locura.«Tengo una relación sana con mis hits porque en su momento decidí parar y priorizar mi salud mental»—El fenómeno viral del 'Rickrolling' tuvo algo que ver en eso. ¿Cómo le explicaría lo que fue a alguien que no lo sepa?—Honestamente, ojalá pudiera (risas). Lo bonito de internet, a veces, es que es incomprensible. La respuesta más rápida es: Te llegaba un e-mail con algo supuestamente importante, y cuando cliclabas en el enlace, te salía yo cantando 'Never gonna give you up'. Eso significaba que te habían 'ricklloleado (risas).—La fama le llegó con veinte años, ¿nunca estuvo cerca de colapsar por la presión?—Nunca llegué a ese punto, pero sí pasé por fases de estar muy quemado. La llegada de la fama es algo tan rápido y tan intenso... No me quiero ni imaginar cómo debe ser ahora que todo va incluso más rápido, mucho más rápido que entonces. Siempre he tenido un handicap y es que no me gusta volar, y sigue sin gustarme. Además, es que te pasan tantas cosas en un período tan corto de tiempo, que te atragantas. Y encima no tenía un grupo con el que compartir la presión, iba yo solo. Después de cuatro o cinco años, decidí priorizar mi salud mental y dije: «Bueno chicos, me marcho una temporada antes de que me echéis vosotros a mí». Creo que gracias a aquella decisión, cuando estoy en el escenario y escucho la intro de 'Never gonna give up' no pienso «joder, no, otra vez no», sino «¡venga! ¡vamos allá!». Esa decisión ha posibilitado que tenga una relación sana con mis hits, porque pude parar, verlos en perspectiva y entenderlos tal y como son.—En los ochenta casi todas las estrellas del pop tenían unas pintas ultra modernas, pero usted era un tipo bastante normal y corriente a nivel estético. ¿Alguna vez se sintió inseguro por eso en aquella escena?—Cien por cien, cien cien (risas). Es más, es que ya no eran solo las estrellas. Cuando en los ochenta iba a programas de televisión, ya fuera en España, en Francia, en Alemania, donde fuera, ¡hasta el presentador tenía pintas más molonas que yo! Por supuesto que eso hacía sentirse inseguro a un tipo normal en traje.MÁS INFORMACIÓN Opinión Rick Astley demanda al rapero Yung Gravy por «copiar» su voz en 'Never gonna give you up'—En cuanto a la industria musical, ¿qué era lo mejor y lo peor de aquella época, y de esta?—Antes había más experimentación, y más variedad en los Top10 de ventas. Podías ver en lo más alto a Duran Duran o a Def Leppard. Lo peor es lo que decíamos: tenías que tener un look genial. Creo que la industria ha cambiado a mejor en ese sentido. Ahora veo a estrellas que visten muy normal, o que no son guapas y delgadas. El talento está por encima de vestir guay, y eso me encanta.