Cuando David Bowie e Iggy Pop deambulaban perezosamente por las calles de Berlín en el verano de 1976 buscando algo con lo que entretenerse para no pensar en las drogas, no imaginaban que su excursión se convertiría en una leyenda sobre la que se seguiría escribiendo durante décadas. El Duque Blanco acababa de poner fin al 'Isolar Tour', una orgiástica gira inundada de cocaína que lo había dejado fundido física y mentalmente, y La Iguana trataba de dejar de chutarse heroína a diario tras la traumática disolución de los Stooges, así que ambos buscaban una ciudad que les fuera desconocida, un lugar donde sentirse forasteros, donde no fuera pan comido dar con un camello. Tras una breve estancia inicial en el Hotel Gerhus, a mediados de junio se alojaron en el piso que su amigo Edgar Froese, el fundador de la banda Tangerine Dream , tenía en el vecindario de Schöneberg, y se quedaron allí todo el verano. Un tiempo que sirvió para que la extraña pareja -siempre escoltada por la asistente de Bowie, Coco Schwab- avanzase con su desintoxicación a duras penas, ya que los síndromes de abstinencia no hicieron que la convivencia fuese precisamente fácil.Froese describió la experiencia en sus memorias describiendo a Bowie como «un mal invitado». Comparó acogerlo con «una hipoteca que se pide al banco de la falsa felicidad solo para tener que devolverla más tarde con intereses excesivos», y de Iggy contó que tuvo constantes broncas con él por sus asaltos nocturnos a la nevera. El anfitrión decidió que ya no aguantaba más una noche que la esposa de Bowie, Angela, se presentó allí pegando gritos y dando golpes a la puerta para intentar rescatar una relación que agonizaba, así que ayudó a sus huéspedes a encontrar un alquiler barato en un piso de la calle Hauptstraß,e que se convertiría en lugar de peregrinación para sus fans. Allí se fraguaron algunas letras de 'Low', el disco que Bowie publicaría unos meses después (y parte de 'The Idiot' de Iggy). Pero sobre todo fue la sede creativa del siguiente, el mítico 'Heroes' , durante el verano de 1977.Para entonces ya habían descubierto que Berlín estaba muy lejos de ser un lugar recomendable para un adicto, y lo que hicieron para mantenerse alejados de la coca y el caballo fue ahogar la tentación en toneladas de cerveza alemana. Frecuentaban bares como el Anderes Ufer (hoy Neues Ufer), que estaba a pocos metros de su casa en Schöneberg y fue uno de los primeros locales abiertamente LGBTIQ+ de Europa; cabarés como el Chez Romy Haag, regentado por la artista Romy Haag (que tuvo una breve relación con Bowie) o discotecas como la punkarra SO36 o la más glamurosa Dschungel, que se llenaba de artistas y gente famosa y era considerado la versión berlinesa de Studio 54.El restaurante Paris Bar fue otro punto clave de la aventura berlinesa de nuestros protagonistas, que pasaron allí madrugadas enteras cenando, recenando y emborrachándose hasta caer redondos, y también el Exil, que era propiedad del artista Oswald Wiener y solía reunir en sus mesas a intelectuales, pintores y músicos locales.Iggy Pop en Berlín, con la asistente de Bowie. Esther Friedman¿Y cómo demonios se pudo grabar un disco en medio de tanto desenfreno alcohólico? Brian Eno, colaborador clave en la fase de producción capitaneada por Tony Visconti, tuvo que idear un plan para que las resacas no dieran al traste con el proyecto y sus chicos se concentraran en los Hansa Studios, que estaban tan cerca del Muro de Berlín que según recordaría Visconti, los guardias de la Alemania Oriental vigilaban sus movimientos con prismáticos desde sus torres de control.Estrategias OblicuasPara romper el bloqueo creativo que Bowie sufrió ese verano, Eno utilizó lo que denominaba «Estrategias Oblicuas», que consistían en sacar cartas al azar de un mazo con mensajes diseñados por él mismo para facilitar los primeros pasos de un proceso de composición. Eran frases como «sigue alimentando la obsesión por el orden», «haz que las cosas cambien gradualmente», «honra tu error con una intención oculta», «mira de cerca los detalles más vergonzosos y amplifícalos» o «¿qué haría tu ancestro más cercano?» Y aunque parezca una locura, funcionó.El experimento de improvisación se llevó aún más allá cuando llamaron al guitarrista Robert Fripp para unirse a la grabación. El líder de King Crimson viajó desde Estados Unidos y, prácticamente sin dormir, llegó al estudio para grabar sobre pistas que jamás había escuchado, tocando de forma instintiva y casi siempre en una sola toma. Ya solo faltaba tener un hit, un single que catapultara el disco a lo más alto. Y ese fue el tema titular, 'Heroes', sin duda un Top10 de los totems bowiescos.MÁS INFORMACIÓN Opinión Brian Eno, solo o en compañía de otrosLa fuente de inspiración no pudo ser mejor. Pensando en una idea, un concepto que guiara la escritura, Bowie se asomó por la ventana y vio a dos jóvenes besándose frente al Muro (eran Visconti y su novia, pero ese secreto se lo guardó durante años). No podía haber imagen más poderosa para simbolizar la lucha entre el amor y el odio. En plena ebullición creativa al dar con su momento 'eureka', Bowie plasmó una de las interpretaciones vocales más memorables de la historia del rock, bajo una melodía que evoca, también, aquel verano en el que ser un héroe solo consistía en aguantar un día más.