«Verdi es mi marido y Puccini mi amante», dice Sondra Radvanovsky (Berwyn, Illinois, EE. UU., 1969), una de las grandes voces de la ópera de nuestros días. La soprano vuelve a Madrid para encontrarse con su «amante» cinco años después de su último 'affaire' en el Teatro Real (en la ópera ' Tosca '). Lo hace en esta ocasión para encarnar el papel titular de ' Manon Lescaut' , la obra que levanta el próximo miércoles 23 (estará en cartel hasta el 11 de octubre) el telón de la nueva temporada. Le acompañan al frente del reparto de esta apasionada ópera Saioa Hernández, Michael Fabiano, Lucas Meachem, Szymon Mechliński, Pietro Spagnoli, Alejandro del Cerro, Albert Casals, Javier Castañeda, Mercedes Gancedo, Mikeldi Atxalandabaso y Javier Franco. Firma la producción el venezolano Carlos Wagner y el director musical es Nicola Luisotti.'Manon Lescaut', ópera que no se ve en Madrid desde 1978, cuando se puso en escena en el Teatro de la Zarzuela (la última vez que estuvo en el Teatro Real fue en 1924, un año antes de su cierre). Se estrenó en Turín en 1893 y el libreto, de Domenico Oliva y Luigi Illica, está basado en una novela del abad Antoine-François Prévost . En ella se cuenta la historia de amor de Manon y Des Grieux, quebrada por las ansias de lujo y dinero de aquella, y de su trágico final en el destierro. Ésta será la sexta producción en la que Sondra Radvanovsky afronte el personaje pucciniano.-Ha dicho usted que elige las óperas que canta por el carácter y la profundidad de los personajes, ¿qué le ha seducido de Manon?-Me encantan su libertad, su frivolidad. Cuando aparece no tiene otra preocupación que ingresar en un convento porque sus padres no tienen dinero, y ella sabe que esa no es la vida que quiere. Todas las decisiones de su vida las han tomado otras personas: su hermano, Des Grieux… Y, por supuesto, ella no elige su final; nadie elige cuándo va a morir. Y odio que esté controlada por otras personas, por hombres en esta ópera… Odio que no tenga suficiente fuerza de voluntad como para decir 'no' hasta, lamentablemente, el final. Solo entonces se da cuenta de las malas decisiones que tomó en su vida, como le ocurre a mucha gente justo antes de morir. Pero adoro a la mujer joven y libre del primer acto.Tres imágenes de 'Manon Lescaut' Javier del Real-No importa que sea una mujer de hace cien años…-Creo que es una ópera muy moderna, que aborda un asunto muy moderno y, en su momento, muy real, por eso hablamos de 'verismo' para referirnos a Puccini. Y musicalmente también lo es; no hay, como en Verdi, recitativo, aria y cabaletta, está compuesta de manera continua. Me encanta la crudeza con la que se retrata a Manon. ¿Cuántas mujeres hoy en día toman decisiones equivocadas? Yo misma lo hice durante veinticinco años. Tomé una decisión equivocada, y por eso me identifico mucho con este personaje.«Todos los artistas persiguen que los demás se emocionen… eso es el arte. En mi caso, mi termómetro es el silencio. Se percibe cuando el público está callado, cuando puedes escuchar su respiración. En ese momento sabes que los tienes, sabes que tienes su corazón y sus emociones. Si hay muchos tosidos, es que están distraídos»-Ha dicho también que su trabajo no es sentir, sino conseguir que el público sienta y se emocione. ¿Cómo puede saber si lo está consiguiendo?-Todos los artistas persiguen que los demás se emocionen: los bailarines, los pintores, los músicos… eso es el arte. En mi caso, mi termómetro es el silencio. Se percibe cuando el público está callado, cuando puedes escuchar su respiración. En ese momento sabes que los tienes, sabes que tienes su corazón y sus emociones. Si hay muchos tosidos, es que están distraídos.-Le gusta ese silencio, claro…-¡Sí, absolutamente! Es para lo que vivo. Vivo para ese segundo de silencio que se produce cuando terminas de cantar y antes de que aplaudan. Para mí, esa quietud es increíble, y no hay nada en la vida que pueda compararse con ella. Quizá el momento antes de dar a luz, no lo sé… Pero ese instante en que sabes por anticipado lo que siente el público es increíble. Y eso es para lo que vivo: no para sentir yo las emociones, sino para que el público, vosotros, las sintáis. Porque entonces sé que he hecho mi trabajo. Y ahora, después de más de treinta años cantando en el escenario, lo valoro todavía más.-La última vez que cantó en el Teatro Real, hace cinco años, fue con otro personaje pucciniano, Tosca. ¿Qué diferencias hay entre Manon y otras mujeres en las óperas del mismo compositor?-Hay muchas cosas parecidas, pero en 'Manon' se nota que Puccini era muy ingenuo en su estilo musical; hay momentos de absoluta brillantez, pero en 'Tosca' no hay una nota que se pueda cortar, es una ópera perfecta. En 'Manon' está ahí casi, casi. Hay algunas repeticiones que yo creo que no se necesitan. Pero, con todo, es una obra maestra. Y pensar que era solo su tercera ópera es alucinante.-¿Es Puccini el mejor compositor para su voz?-Verdi es mi marido y Puccini es mi amante. Verdi es muy bueno para mí, mantiene la voz en su sitio y te enseña todo lo que necesitas saber sobre la voz: los agudos y los graves, lo fuerte y lo suave, el 'pianissimo' y las frases largas. En cambio, con Puccini sientes que estás haciendo un poco de trampa porque es tan lujoso y está tan lleno de emoción. Verdi también, pero Puccini es la emoción al cuadrado. Así que le engaño con Puccini, pero mi verdadero amor sigue siendo Verdi.«Necesito cantar. No es que quiera hacerlo, es que tengo que hacerlo. La música está en mi sangre, tengo que cantar. Cuando no canto me siento muy triste, deprimida… Es, además, una manera de comunicar todo lo que siento»-Se nota que es feliz en el escenario…-Sí, sí, siempre. Es como un corredor; las personas que lo llevan en la sangre tienen que correr, lo necesitan. Y yo necesito cantar. No es que quiera hacerlo, es que tengo que hacerlo. La música está en mi sangre, tengo que cantar. Cuando no canto me siento muy triste, deprimida… Es, además, una manera de comunicar todo lo que siento. Cuando canté 'Medea' en el Metropolitan, hace cuatro años, estaba pasando por un divorcio, mi madre acababa de morir, no tenía casa, vivía con las maletas en un hotel, y la ópera fue mi terapeuta; salir al escenario a cantar 'Medea' fue algo completamente distinto a cualquier terapia, porque toda esa emoción se la daba al público. Le decía «gracias», se la entregaba y desaparecía. La música siempre ha sido mi amor, mi terapia, mi hogar, mi felicidad... mi vida. Y estoy muy agradecida.-¿Interpretar a tantas mujeres diferentes le ha hecho una mujer distinta? ¿Qué aprendió de ellas?-Creo que lo más importante que he aprendido después de todos estos papeles y de una carrera de más de treinta años es que soy única y que tengo que vivir mi vida. Y sé que suena un poco —en inglés decimos 'corny'—, bueno, un poco tópico o cursi, pero muchas mujeres no lo hacen; muchas personas no lo hacen. Viven la vida de otra persona. Y yo ahora vivo mi vida para mí. Y eso es algo que no descubrí hasta hace muy poco: tengo 57 años y solo lo he descubierto este último año. Vivir estos personajes me ha dado la capacidad de descubrir quién soy. ¡Y qué regalo tan increíble! Le estoy muy agradecida a la ópera, a la música, a todo el público y a mis fans... Ésta es una época de mucha reflexión para mí porque estoy pensando en dejar de cantar en el escenario en los próximos años.«Lo más importante que he aprendido después de todos estos papeles y de una carrera de más de treinta años es que soy única y que tengo que vivir mi vida. Vivir tantos personajes me ha dado la capacidad de descubrir quién soy»-¿Por qué?-Ya no tengo nada más que decir.-Pero su voz sigue magnífica...-Sí, por eso, quiero marcharme cuando esté en lo más alto. No quiero que la gente diga: 'Oh, Sondra…, con lo que era'. Tengo además un nuevo amor en mi vida; esta vez es el verdadero y es increíble. Y me cuesta cada vez más estar lejos de casa.-Va usted a cuidar a la Sondra mujer y no tanto a la Sondra cantante.-Eso es, ha llegado el momento de cuidarme como mujer. Seguiré cantando conciertos, ópera en concierto, recitales, pero ópera en el escenario no… Las producciones exigen estar dos meses lejos de casa, y a mi edad ya no quiero seguir haciéndolo…-Pero no se ha cansado de cantar…-¡No, no! Y lo seguiré haciendo mientras esté contenta con mi voz y mientras mi voz esté contenta conmigo. Me han nombrado, además, asesora artística de la Lyric Opera de Chicago para enseñar técnica vocal y trabajar con los jóvenes artistas de la Lyric de Chicago, algo que me produce mucha felicidad porque me permite compartir toda mi experiencia y mis conocimientos.-¿Es importante estar feliz para cantar, o no importa?-¡Al cien por cien! Por eso creo que estoy cantando tan bien ahora. Porque soy muy feliz, y la felicidad permite que no solo cante tu voz, sino que también cante tu corazón. Y cuando lo hacen ambos, es glorioso. De verdad que lo es. Y creo que el público también lo siente… Ojalá lo hubiera descubierto antes, pero lo importante es que lo he descubierto.