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El Teatro Real convierte ‘Il trovatore’ en un festival de voces

A punto de cerrar la temporada, el Real madrileño pasa de ser un 'teatro di stagione', es decir con repartos específicos, un detallado trabajo interpretativo y elaborada producción, a otro de repertorio, con recuperación de viejas escenografías y un equipo de intérpretes que se incorporan al vuelo. Julio Bravo, en estas mismas páginas, ha explicado que 'Il trovatore' es la ópera elegida para la ocasión. Durante las diecisiete funciones previstas se alternarán cuatro repartos, incluyendo personalidades muy diversas y también importantes. Ayer se tuvo lugar la primera representación y, fiel al credo de lo 'stabile', la ópera de Verdi vibró entre los espectadores con la alegría de quien recibe lo que espera y, además, se adorna con viveza.Hay algunos elementos que son comunes a esta rueda teatral. En primer lugar, por ser escenario de disputas en una ópera de amor y venganza, está la producción firmada por Francisco Negrín, ya vista en 2019, y cuyo recuerdo se había evaporado como el humo de sus hogueras. Siete años después, sigue siendo un lugar sin relato ese espacio oscuro donde se hace presente la muerte con su guadaña, el fuego, lo sanguíneo y alguna coincidencia arquitectónica que apoya los guiños religiosos. 'Il trovatore' se consume poco a poco, por obra de Negrín, en una continuidad diluida a la que apenas logran aliviar algunos golpes de efecto. La sustancia es mínima, su narrativa escasa, pero hay que reconocer que hay una funcionalidad de fondo muy adecuada a la programación de relevos vocales a la que sirve.También está la presencia del director musical Nicola Luisotti —excepto los días 4 y 15 de julio a cargo de François López-Ferrer—, aunque aquí los matices son distintos. Ayer, se pasó de lo imposible a lo utilitario mediante una versión hinchada y demasiado facilona. Comenzó la representación con graves problemas de concertación y ajuste que Luisotti intentó resolver sin despegarse de un gesto extraordinariamente tenso. Fue entonces, cuando apareció el barítono polaco Artur Ruciński, quien ya tuvo un papel destacado en aquel 2019. Con el aria 'Il balen del suo sorriso' demostró que es posible cantar con 'fiato', dicho de otro modo alargando sin sensación de final la línea de canto; que se puede decir con elocuencia y que la medida es una referencia sobre la que merece la pena fluir. Ruciński desarmó a Luisotti y, este tomó, nota, pues, a partir de ese momento, su dirección fue mucho menos rígida y más colaboradora. El estilo del maestro italiano es directo y fogoso; se entrega, sin mucha dificultad, a los oídos más fáciles. Tiene un oficio bien construido y cuando lo gestiona adecuadamente, logra resultados interesantes. Se escuchó al tenor Piotr Beczała defendiendo a Manrico con determinación, un punto de distancia y varias trampas, especialmente en su famosa 'cabaletta' 'Di quella pira' a la que llegó tras contenerse, poco antes, en el aria 'Ah sì, ben mio, coll'essere'. La mezzo uzbeka Ksenia Dudnikova destacó por la espesura del timbre y el caudal de vocal. Se lució en la 'canzone' 'Stride la vampa' y en el 'racconto' 'Condotta ell'era in ceppi'. El cuarteto principal se cierra con la soprano letona Marina Rebeka quien remató, no sin dificultad, el aria 'D'amor sull'ali rosee' como culminación a una actuación desigual. 'Il trovatore' llega al Teatro Real con un primer reparto de voces valientes que se defienden en el contexto de un endeble relato escénico.Música: Giuseppe VerdiLibreto: Salvadore CammaranoIntérpretes: Artur Ruciński (El conde de Luna), Marina Rebeka (Leonora), Ksenia Dudnikova (Azucena), Piotr Beczała (Manrico), Krzysztof Bączyk (Ferrando), Coro y Orquesta Titulares del Teatro RealDirección de escena: Francisco NegrínDirección: musical Nicola LuisottiLugar: Teatro Real, MadridFecha: 29-VI