Últimamente hay un fenómeno clarísimo y notorio en la música pop de éxito masivo, que es el de hacer discos inspirados en el «origen», que miran hacia el pasado, hacia la vida antes de la fama. Quevedo, Malú, Leire, Barry B, hay ejemplos a porrillo y todos tienen el mismo denominador común: el vértigo al ver peligrar la victoria de la persona en su batalla contra el personaje. «A mí la vida me cambió por completo hace veinte años», responde Manuel Carrasco cuando le preguntamos qué es lo que le ha hecho mirar atrás con tanta vehemencia en su nuevo álbum 'Pueblo Salvaje I'. «Vivo cosas excepcionales y muy bonitas, pero hay otras que he perdido. Hay una parte que yo siento más real, más sencilla, donde encuentro la verdad de la vida, que es de la que hablo en este disco».¿El cable a tierra se pierde cuando gana el personaje?No sé por qué pasa, pero en esta profesión te crees dos personas distintas. Y yo estoy convencido de que hay que tirar hacia lo contrario. En mi caso, el artista acaba ganando la batalla, y acabas perdiendo tú. Le dedicas más tiempo a la profesión que a tu vida, y empiezas a sentir que no está asentada la cosa. Y es por eso, porque pierde la persona.Noticia relacionada general No No Manuel Carrasco le lanza un dardo a Florentino por no colaborar con la multa del Bernabéu: «Voy con Riquelme ahora» María José LoraEl repertorio arranca con 'Polaroids', que retrata su infancia de una forma muy hermosa y evocadora. ¿En su familia no eran más de revelar carretes? Somos de la misma quinta y en nuestra infancia no todo el mundo tenía una Polaroid...No tenía, no tenía. Ahora tengo, mira tú, pasados los años. Pero es una imagen que se asocia muy bien a esos instantes, a imágenes muy descriptivas de tiempos pasados.Hay una canción llamada 'La Humanidad', que es una defensa de la unión contra la división. ¿A quién se la pondría, a ver si se le queda algo?¡Buenooo! Hay cada hijo de puta por ahí... Es una canción que no está hecha para confrontar. Al revés, está hecho para la reflexión. No sé por qué estamos todo el rato intentando que haya una confrontación entre bandos, entre izquierda y derecha, los de arriba y los de abajo, los del norte y los del sur. Hay cosas que van por encima de eso, la vida, la humanidad, la empatía, la infancia de los niños.Nos decía el otro día Niña Pastori que no están dividiendo tanto que al final nos vamos a quedar todos solos.Es que pasa eso. Si dices algo ya estás en un bando, y cada uno tiene su ideología, como es normal y sano, pero los de tu propia ideología también pueden hacer cosas malas. No tenemos que ser tan cuadriculados en ese aspecto. Síndrome del impostorLa nota de prensa del disco la ha escrito Jordi Évole, que confiesa sentir el síndrome del impostor por estar haciendo el trabajo de un crítico musical. ¿Usted también ha sentido ese síndrome, que por cierto también está muy en boca de los artistas estrella últimamente?Yo sí lo he sentido. Loquillo dice que el síndrome del impostor es de perdedores.Pues a lo mejor tiene razón. No de perdedores, pero sí de una cierta inseguridad, de cierto complejo, seguro que viene. Pero a mí Loquillo no me va a decir que porque haya sentido eso... Mira todas las cosas que he hecho. Pero sí que lo he sentido. Una frase de una psicóloga que me trata me ayudó mucho. Un día le dije, «algún día me van a pillar, me van a coger el truco». Ella respondió: «¿Tú te crees muy inteligente, no?». Y yo: «Pues no, tampoco es eso». Y dijo: «Pues sí que has engañado tú bien a tanta gente durante tanto tiempo, ¿no?». Y fue como, hostia, pues va a ser que tiene razón.Ahora vienen cuatro Cartujas nada menos. Tanto macroconcierto de estadio, donde el público son hormiguitas, ¿no acaba cansando?No, no te cansas de eso. Te cansas de la presión, de la responsabilidad. Te cansas de eso por momentos. Pero yo que me he criado en los fuegos de Mordor, cantando para diez, para quince, para veinte, donde todo era poco a poco. Ves lo de ahora y dices, «esto es una maravilla». Más cuando sale bien, porque no es fácil hacer conciertos grandes, yo creo que lo hacemos bien. Y a mí me encanta, y lo disfruto. En la canción 'Gente corriente' canta: «A veces tomo pastillas, me cuesta dormir». ¿Qué tal lleva la soledad del hotel post-concierto?No lo llevo mal, pero a veces tomo pastillas para dormir, especialmente cuando acabo un concierto. Me pueden dar las seis de la mañana y estar mirando al techo. Y si canto al día siguiente... la voz es dormir. En el hotel es muy normal ponerte a repetir el concierto mil veces en la mente.¿Usted entiende el furor por los macroconciertos?Hay como una fiebre de eso, que antes no pasaba, para nada. Yo creo que fui de los primeros que empecé a hacer estadios aquí, y mira ahora. No te sé decir, las cosas a nivel cultura están asando por un buen momento, y me alegro, porque ir a un concierto aporta, compartes con la gente.«Me pareció importante participar en La Casa de la Música que se emitió como alternativa a Eurovisión y provocar algo fuerte, duro, que es la cruda realidad» Manuel CarrascoAhora tiene cuatro Cartujas (13, 14, 19 y 20 de junio, cada fecha dedicada a cada uno de sus últimos cuatro discos). ¿Cree que esto de las 'residencias', dando muchos conciertos en ciudades elegidas, en lugar de giras muy extensivas, será una tendencia al alza?Seguramente sí. Más rentable, más cómodo, menos fallos. A la gente parece ser que no le importa viajar, y quien se lo pueda permitir, creo que es una cosa que se verá bastante.¿Le pareció importante participar en La Casa de la Música que RTVE organizó como alternativa a Eurovisión?Sí, me gustó. Mi actuación tuvo su contexto político, y me gustó provocar algo fuerte, duro, que es real, que lo vemos todos los días en la tele y es la cruda realidad. Está bien que la música se sume a ese tipo de movimientos, de gestos.MÁS INFORMACIÓN Opinión RTVE contraprograma Eurovisión con 'La casa de la música'¿Le gustaría que se hiciese un biopic sobre Manuel Carrasco?Ya me lo plantearon hace unos años, y yo pensaba «pero si todavía me queda mucho que hacer». No lo contemplo, pero me gusta verlos. El de Elton John me flipó. Ya veremos qué pasa con el tiempo.